Todo es lo mismo

Todos los problemas son el mismo problema.

Toda manifestación o síntoma, no importa la forma que esta adopte, son el mismo efecto.

Esto hace de la salvación algo sencillo.

Todo es lo mismo.

Algunos síntomas parecen más amenazadores que otros pero eso es simplemente una distorsión.

Desde un cosquilleo en los pies hasta un dolor de cabeza, todo responde a la misma fuente.

Y si buscas dicha fuente no la encontrarás.

No hace falta que me creas, pero haz el experimento.

¿Donde está ese “yo” al que le suceden cosas?

Si cierras los ojos y te sumerges por debajo de los pensamientos, ¿dónde está ese cuerpo al que veneras y que quieres proteger?

¿Por qué darle más importancia a un síntoma que a otro si todo es lo mismo?

Eso es lo que significa generalizar.

Ningún efecto tiene el poder de  restarte ni un ápice de paz.

Pero si valoras un efecto más que otro eso será lo que creerás, y querrás que desaparezca.

Pero tú sólo deseo de que desaparezca es un indicativo del miedo que le tienes.

Esa es la raíz que tienes que ser arrancada de tu mente.

Como una mala hierba que inunda un campo lleno de flores el miedo se cuela en tu mente echando raíces.

Pero las flores siguen ahí.

Todas las bendiciones que te han sido dadas siguen esperando por ti.

Pero tendrás que arrancar una por una esas malas hierbas para que la belleza del campo florido vuelva a ser lo que siempre fue.

El miedo es el gran impostor.

Te hace ver cosas que no están ahí, trata de confundirte sobre lo que es importante.

No le creas.

Todo es lo mismo.

Desde un bostezo hasta el dolor más profundo.

Todo refleja una realidad aparente que no tiene más consistencia que la de la bruma en un día de tormenta.

Un velo que trata de ocultar la belleza que esconde.

Estás a salvo.

En cualquier instante, no importa las apariencias, puedes traer ese recuerdo a tu memoria.

“Estoy a salvo.

Sostenido por los brazos del Amor.

Acunado por la melodía de la paz.

Descansando tranquilamente en un campo de dicha y felicidad.

En el Cielo soñando con el infierno”.

~ J ❤

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Sombras del pasado

“El pasado ya pasó, no me puede afectar”

Que todo siga igual quiere decir que el pasado sigue reinando sobre el presente.

Cada vez que dices “todo sigue igual” estás convocando a los testigos de esa creencia. Y los testigos son todos tus aparentes problemas que se repiten.

Para poder decir que “todo sigue igual” tienes que “irte” al pasado.

Así que lo que estás diciendo es: “el pasado fue real, es real, y te lo voy a demostrar”. Y lo haces proyectando el pasado en el presente.

Cada vez que dices “todo sigue igual” tienes que estar mirando al pasado.

Lo que haces es superponer ese pasado a este instante. Podríamos decir que es como si pintases este instante con el color del pasado. Otra imagen podría ser caminar mirando hacia atrás.

No eres consciente de lo que está presente en este instante porque no lo estás mirando. Y en su lugar estás eligiendo mirar al pasado.

Los testigos de la nueva realidad están aquí mismo, pero no los estás eligiendo. Estás eligiendo las sombras del pasado y diciendo: ves, es real.

Pero el pasado ya pasó, y no te puede afectar.

En este mismo instante puedes estar libre del pasado si dejas de darle valor y de utilizarlo para tus propios intereses.

Deposita la creencia en el pasado en mis manos y camina libre de esa carga inútil.

No sigas arrastrando el pasado.

Déjalo atrás.

Y verás un presente diferente. Incluso aunque el escenario parezca el mismo empezarás a verlo con nuevos ojos. Y la alegría, la paz, la dicha ocuparán el lugar de lo que estás era dolor, tristeza y desánimo.

La tristeza y el desánimo surgen al querer cambiar el pasado, al querer cambiar las situaciones de tu vida, al buscar la paz, la alegría y el amor fuera de ti.

Al confundir causa y efecto. La causa es la mente, y por lo tanto es a ese nivel donde tienes que actuar.

Recuerda simplemente: “El pasado ya pasó, no me puede afectar“.

Y todos tus aparentes problemas son pasado.

Todos tus miedos ilusorios son pasado.

Todos tus viejos conflictos son pasado.

Todos, sin excepción. Ni uno sólo puede permanecer cuando la verdad ocupa el lugar de las ilusiones.

Así que te invito a que enumeres todo eso que “sigue igual” y que de mi mano vayamos descartandolos uno a uno.

Puedes decir por ejemplo:

“El dolor es pasado, y el pasado ya pasó, no me puede afectar”

“La carencia es pasado, y el pasado ya pasó, no me puede afectar”

“_______________(pon aquí cualquier cosa que te preocupe) es pasado, y el pasado ya pasó, no me puede afectar”.

“Mi conflicto con___________ acerca de __________es pasado, y el pasado ya pasó, no me puede afectar”.

Así deja que vayamos juntos descartando una a una todas las preocupaciones de tu mente.

Todos los aparentes problemas son pasado, y el pasado ya pasó, no te puede afectar.

En este instante eres libre de seguir cargando con el pasado o abandonarlo.

Elige abandonarlo.

Elige ser libre.

Nada puede robarte tu paz.

Todo aquello que te preocupa, todos tus aparentes problemas o conflictos son pasado.

Y el pasado ya pasó, no te puede afectar.

~ J ❤

Deja que hoy decida por ti

Recibirás aquello que des.

El costo de dar es recibir.

Así que si en algún momento piensas que en alguna de tus relaciones falta algo, es porque no lo estás dando. Todo lo que falta en tu relación es porque no lo estás dando, y si piensas que si lo estás dando y aún así no sientes que lo estés recibiendo, te estás engañando a ti mismo.

Dar y recibir son simultáneos.

Dar da testimonio de que tienes aquello que ofreces. No puedes por lo tanto dar, y no recibir.

No puedes dar sin experimentar los efectos de aquello que das.

“Todo aquel a quien ofreces curación, te la devuelve. Todo aquel a quien ofreces ataque lo conserva y lo atesora guardándote rencor por ello. El que te guarde rencor o no es irrelevante: tú creerás que lo hace. Es imposible ofrecerle a otro lo que no quieres sin recibir esta sanción. El costo de dar es recibir. Recibirás o bien una sanción que te hará sufrir, o bien la feliz adquisición de un preciado tesoro.”

Y, o bien estás dando amor, o bien lo estás reteniendo.

Cuando lo retienes, sufres.

Así que nunca sufres por lo que otro hace o deja de hacer, sufres porque estás reteniendo amor y por lo tanto te lo estás negando a ti mismo.

¿Qué crees le falta a tu relación?

¿Qué crees le falta a tu vida?

Eso es lo que no estás dando. Eso es lo que estás reteniendo. Eso es lo que al no darlo, te lo estás negando a ti mismo.

El mundo sólo te muestra aquello que has decidido creer, aquello que has decidido valorar y atesorar. El mundo es un espejo, un eco que te devuelve aquello que envías como un bumerán. Aquello que das siempre vuelve a ti.

“La vida es un eco. Lo que envías, regresa. Lo que siembras, cosechas. Lo que das, obtienes. Lo que ves en los demás, existe en ti. Recuerda, la vida es un eco, siempre regresa a ti. “

¿Por que atesorar algo que no deseas? ¿Será porque en el fondo aún lo deseas?

¿Por qué atesorar ataque, conflicto, dolor, sufrimiento? ¿Es esto lo que deseas?

¿Por qué atesorar desconfianza, duda, inseguridad? ¿Es esto lo que deseas?

Pues verás aquello que desees.

Y creerás erróneamente que era real, cuando sólo se trataba del efecto de tu decisión.

Elije de nuevo hermano.

Deja que yo tome las decisiones por ti hoy.

Permíteme ser el juez de todas las situaciones que te inquietan o donde percibes que falta algo.

No te erijas en tu propio juez pues tu juicio todavía no está purificado y no sabrás que elección puede conducirte a la felicidad.

Si me lo permites, yo seré tu guía. Te conozco y se lo que más te conviene.

Juntos abandonaremos la falsa idea de que puede faltarle algo al Hijo de Dios.

Juntos somos invulnerables.

Dame tu mano hoy y deja que te enseñe que la luz, la dicha y la paz moran dentro de ti.

Deja que hoy “decida por ti“.

“Él me guía y conoce el camino que yo no conozco. Más nunca me privará de lo que quiere que yo aprenda. Por eso confío en que me comunicará todo lo que sabe por mí”.

~ J ❤

Acepto la sanación

“Nadie se cura con mensajes contradictorios. Si tu único deseo es curarte, te curarás. Tener un sólo propósito hace que sea posible. Pero si tienes miedo a la curación, entonces no podrá efectuarse a través de ti.” (T-27.V.2-4)

No puedes temer a la curación y al mismo tiempo curarte.

Tu miedo impide que ella se lleve a cabo a través de ti.

Tienes que reconocer el miedo pues de otra forma yo no podré ayudarte.

Yo no puedo librarte del miedo pues hacer eso sería considerarlo real y eso no te ayudaría.

Pero si puedo mostrarte que aquello que temes no tiene causa real y por lo tanto no puede afectarte.

Imagina la siguiente situación.

Imagina que tu hijo tiene pesadillas por la noche y tiene miedo porque ve un monstruo en la pared. Puedes ayudarle precisamente porque tú sabes que ese monstruo no es real, solo una imagen sin consistencia.

Pero para él es muy real.

Si te lo oculta, tú no podrás ayudarle porque para ti no existen los monstruos, así que la única manera de ayudarle será que reconozca su miedo y te lo señale.

Entonces podrás acompañarle y hacerle ver que ahí no hay nada que temer, que sólo se trata de una ilusión, de un engaño. Que los monstruos no existen.

De igual forma tienes que reconocer el miedo para que pueda ayudarte a desenmascararlo.

No puedo librarte de algo que no existe más que en tus pesadillas.

Así que no me pidas que te libre del miedo, antes bien pídeme que te ayude a percibir correctamente.

Y eso es lo que haré.

La raíz de todos tus aparentes problemas es el miedo. Puede que no lo identifiques pero te aseguro que si te tomas el tiempo de dejar que se muestre, lo hará, y entonces podrás entregar esa falsa percepción para que sea corregida.

Toda curación no es más que la liberación del miedo.

Y te curarás cuando tu único desees sea curarte. Cuando no abriges ningún otro deseo contradictorio.

Este trabajo no admite concesiones. La verdad no admite concesiones.

No puedes nadar y guardar la ropa. No puedes mantenerte entre dos aguas. Eso sólo te traerá sufrimiento.

Te tienes que decidir.

En verdad ya te has decidido pero tienes que mantener ese compromiso frente a las insistentes tentaciones ilusorias del ego.

El ego no puede ofrecerte nada que en verdad desees.

Lo que deseas ya se ta ha concedido, y está aguardando tu feliz regreso.

Acéptalo hoy.

“Acepto la sanación. Permito que mi mente sane hoy completamente”.

~ J ❤

Fuiste creado sólo para crear

“Fuiste creado sólo para crear, no para ver ni para fabricar nada.”

Crear es una cualidad del Espíritu.

Creas al igual que tú Padre crea.

Tus creaciones son lo único importante y lo único a lo que debes prestar atención.

Todo lo que no es de Dios es una fabricación y no tiene significado.

La enfermedad es una fabricación, el dolor es una fabricación, el mundo que ves es una fabricación, tu cuerpo y los cuerpos con los que pareces encontrarte son una fabricación. Esa es la razón por la que no significan nada.

Tú los dotas de significado como una forma de darle realidad y vida a lo que no la tiene.

Sólo Dios es Vida y sólo el Hijo de Dios está vivo. Tú eres el Hijo de Dios y por lo tanto estás vivo al ser el Hijo de la Vida. Dios te creó a semejanza de Si Mismo. Tú no te creaste a ti mismo, Dios lo hizo. Gracias a eso mantienes tu santidad e inocencia intactas.

El ser que fabricaste, el ego, no contiene vida y esa es la razón por la que puedes dejarlo de lado, y al no alimentarlo no podrá ejercer ningún efecto sobre ti.

Piensa en un globo. Si tú no soplas dentro del globo este permanece deshinchado. Pero en el momento en el que soplas empieza a hincharse y parece cobrar vida. No te das cuenta de que el globo te necesita a ti para hincharse. Necesita el aire de tu aliento divino. Y si una vez hinchado dejas de sujetarlo, sin ningún esfuerzo, pierde el aire y se deshincha automáticamente porque no es nada.

Tú no necesitas hacer nada para que se deshinche. Simplemente dejar de sujetarlo. Por si mismo no es nada.

Lo mismo sucede con el ego, sin tu aliento no es nada. Te necesita a ti para existir.

¡Mira si eres poderoso! Todo lo que fabricaste está ahí gracias a tu poder, a tu aliento.

No se te hace nada. Tú eres el hacedor de este sueño. Un sueño demente que sostienes pero del que puedes despertar cuando así lo decidas.

¡Tú tienes el poder, no el ego!

No sigas participando de esta mascarada.

Fuiste creado sólo para crear, no para ver ni fabricar nada.

Durante el día de hoy cuando alguna situación surja  que te inquiete recuerda el globo. Recuerda que tu pesadilla parece dolorosa por el aire que le estás insuflando, por la importancia que le das. Date cuenta de que tú mismo has fabricado esa pesadilla. Tú mente la ha fabricado por error. Eres responsable pero no eres culpable. Sigues siendo inocente.

No sigas alimentando un sistema de pensamiento que apoya el conflicto, el miedo, el dolor, la injusticia, la enfermedad, el amor condicionado y la felicidad variable.

Da un paso atrás e imagina que sueltas ese globo que estabas sosteniendo. Ya no quieres seguir haciéndote eso a ti mismo o a cualquiera de tus hermanos. Toma la firme determinación de no seguir insuflando dolor a tu vida. Abandona en este mismo instante el conflicto, renuncia a todo lo que no quieres y quédate sólo con lo que quieres.

Así de simple.

~ J ❤

Puedes escuchar el audio de la entrada aquí:

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globo

 

 

Cineforum: Sully

sully

Temas: Milagro, Inseguridad, Dudas, Proyección, Miedo, Las leyes del ego y las leyes de Dios, Desenlace feliz.

Chesley “Sully” Sullenberger es un piloto aéreo que en 2009 se convirtió en un héroe cuando, al poco de despegar, su avión se averió y logró realizar un aterrizaje forzoso del aparato en pleno río Hudson, en Nueva York, con 155 pasajeros a bordo. (FILMAFFINITY)

“Todo tendrá un desenlace feliz. L-292”

“Tengo derecho a los milagros. L-77”

“No me gobiernan otras leyes que las de Dios. L-76”

Esta película está basada en hechos reales y el tema central es “el milagro“. Dice el Curso: “El milagro llega silenciosamente a la mente que se detiene por un instante y se sumerge en la quietud“. Un instante (décimas) es todo el tiempo del que dispone el comandante Sully para tomar una decisión que le convertirá en un héroe al amenizar su avión en medio de Nueva York, en el río Hudson, con 155 pasajeros a bordo.

“Tengo derecho a los milagros. Pídelos cada vez que se presente una situación que los requiera. Reconocerás tales situaciones.” L-77

La guía divina nos habla a cada instante, solo necesitamos aquietar la mente y soltar el control confiando en una sabiduría que no es de este mundo. Seguir esa guía implica en ocasiones desafiar “las leyes del mundo” tal y como pasa en esta situación donde Sully desoye las órdenes de la torre de control y toma una decisión aparentemente loca que le lleva a un “desenlace feliz”.

Una de las cualidades de los maestros de Dios es la confianza, desarrollar la confianza en nuestra guía interna es parte fundamental de la travesía del miedo al amor.

Una vez que damos un paso al frente y confiamos en nuestra propia luz, la parte de nuestra mente (mente errónea) que no desea la paz sino el conflicto, contraataca con todo su arsenal. Una vez que todo ha pasado las dudas, miedos e inseguridades brotan en la mente de Sully imaginando “lo que podría haber pasado“. Esas dudas e inseguridades se proyectan sobre el mundo y donde antes era un héroe ahora se cuestiona su proceder y se pone en duda su decisión y valía como piloto. Incluso es llevado a juicio para esclarecer si hubo negligencia o no,y si puso en peligro la vida de los pasajeros y la suya propia.

“La proyección da lugar a la percepción. El mundo que ves se compone de aquello con lo que tú lo dotaste. Nada más. Pero si bien no es nada más, tampoco es menos. Por lo tanto, es importante para ti. Es el testimonio de tu estado mental, la imagen externa de una condición interna. Tal como el hombre piense, así percibirá. No trates, por lo tanto, de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él. T-21. Intro”

La raíz de la duda, el miedo y la inseguridad es la culpa inconsciente que siempre busca un culpable, alguien sobre el que descargar la responsabilidad no asumida.

Los “compañeros poderosos” de los que habla el Curso nos ayudan a recordar quienes somos en los momentos en que la mente está nublada con pensamientos de inseguridad y miedo. Son símbolos de nuestra voluntad de sanar y volver a la mente recta, de volver al amor.

Una película que te emocionará y te abrirá al milagro. Prepárate para acompañar a Sully y a los 155 pasajeros en un vuelo que los unirá para siempre en una travesía del miedo al amor.

~Iciar ❤

Elijo el júbilo de Dios

El cuerpo en manos del Espíritu Santo es un vehículo de comunicación pero antes de que pueda utilizarse para este fin la mente tiene que purificarse de todas las ideas y creencias erróneas respecto al cuerpo.

El cuerpo es el testigo fiel del ego, y el dolor y la enfermedad los estandartes que erige para llevar tu atención al cuerpo y olvidarte de que eres mente y tienes elección.

Al olvidar la causa (sistema de pensamiento del miedo), olvidas que tú mismo lo elegiste (el tomador de decisiones en la mente) y por lo tanto no puedes ser víctima de tu propia creación, de tu propio deseo loco de ser lo que no eres (un cuerpo en lugar de Espíritu).

Recuerda que:

“Soy responsable de lo que veo (enfermedad, dolor…) y elijo los sentimientos que experimento (dolor, tristeza,…) y el objetivo a alcanzar (pecado = falta de amor). Y todo lo que parece sucederme yo mismo lo he pedido, y se me concede tal como lo pedí”.

No te engañes por más tiempo pensando que eres impotente ante lo que se te hace. Reconoce únicamente que estabas equi­vocado, y todos los efectos de tus errores desaparecerán.

Cuando te das cuenta de que te estás haciendo esto a ti mismo, al juzgar a otros, criticar, juzgarte y atacarte, al tomar la mano del miedo y dejar que sea él tu maestro, estás en disposición de parar y elegir de nuevo: “No quiero seguir haciendome esto a mi mismo, ni a nadie más”.

El poder está en la mente, y la salvación también lo está.

Así que te unes a mí (Jesús, Espíritu Santo, maestro interno) en un nuevo propósito que es sanar la mente. No se trata de sanar el cuerpo, sino la parte de la mente que se cree un cuerpo, cuerpo que parece enfermar y experimentar dolor (siempre desde la perspectiva del ego). El cuerpo no puede sufrir salvo que la mente así lo determine.

La enfermedad y el dolor son un error, un error que tiene que ser corregido allí donde su causa reside, en la mente de aquel que cree que el Hijo de Dios puede sufrir.

No aceptes el sufrimiento como parte de tu experiencia. El sufrimiento no tiene nada que enseñarte. El amor sí.

Permite que tu mente sea sanada hoy completamente y el error sea subsanado allí donde la Verdad mora, en la mente del Hijo de Dios, tu verdadero Ser.

No tomes el dolor y la enfermedad como tus maestros. Elígeme a mí como tu maestro.

Únete a mi en este instante santo.

Permanece a mi lado.

Toma mi mano y juntos abandonaremos el mundo de sufrimiento, dolor y enfermedad.

El Cielo te está esperando.

Es la hora.

“Elijo el júbilo de Dios en lugar del dolor”. L-190

~ J ❤

 

El colibrí y las alas (Un cuento para recordar)

Hace muchos, muchos años, en un reino muy lejano nació un bebé. Era un bebé precioso pero portaba una peculiaridad: tenía alas. Unas alas transparentes con un ligero tono azulado.

Aunque todo parecía perfecto en él, sus padres estaban preocupados porque en el futuro pudiese sentirse diferente, y decidieron mostrar su preocupación a los médicos. Estos estuvieron de acuerdo en que si bien el niño parecía feliz con sus alas, esa diferencia podría acarrearle problemas en el futuro así que decidieron, conjuntamente con sus padres, que lo mejor era extirparle las alas.

Lo intentaron una y otra vez, pero cada vez que el niño volvía de la operación, sus alas volvían a brotar incluso con más fuerza.

Los médicos ya no sabían que hacer, lo habían intentado muchas veces sin resultado. Era un bebé con alas.

Los padres seguían preocupados así que decidieron probar otra opción. Quizás algún hechizo mágico consiguiera que las alas desapareciesen. Alguien les habló de un curandero que vivía en otro país y allí se fueron con el bebé.

Encontraron al curandero y le relataron su preocupación.

Al principio el curandero no entendía porque querían privarle de algo tan precioso e intentó convencerles de dejar que siguiese portando sus alas, pero viendo el sufrimiento en el rostro de sus padres al final accedió a llevar a cabo su magia. No eliminaría sus alas pero las haría invisibles, de tal manera que nadie pudiese verlas. Ni siquiera el niño o sus padres.

El conjuro se llevó a cabo con éxito y las alas desaparecieron.

Sus padres estaban felices. Dieron las gracias al curandero y volvieron a casa.

El bebé creció como un niño normal. Sus padres se cuidaron muy mucho de contarle sus orígenes y con el tiempo ellos mismos se olvidaron de su don.

El niño siguió creciendo, pero a medida que crecía su cuerpo, también lo hacía su tristeza.

Sus padres empezaron a preocuparse por el dolor que su rostro reflejaba. Nada parecía hacerle feliz y se fue encerrando en su propio mundo cada vez más.

Se sentía triste y solo. No entendía porque se sentía así si aparentemente no le faltaba de nada. Pero por más esfuerzos que hacía para que el dolor desapareciese, nada parecía funcionar.

Hacia tiempo que sus padres se habían olvidado de sus alas así que no vieron la relación con esa tristeza que habitaba en él. Sufrían por su propio dolor pero no sabían como ayudarle.

Un día, cansado de su propia vida, el ya joven salió a dar un paseo por un bosque cercano. Sus pasos le llevaron a un claro rodeado de árboles. Era tal su dolor que cayó de rodillas sollozando y pidiendo ayuda. Las lágrimas brotaban sin consuelo. Su pecho se estremecía con cada sacudida. ¡Estaba tan cansado! Lloró durante mucho tiempo hasta quedarse apenas sin lágrimas y al final, cayó rendido y se durmió en medio del bosque.

Se despertó al sentir un suave aleteo a su lado. Abrió los ojos lentamente y vio que algo pequeño volaba frente a sus ojos.

Se restregó los ojos para ver bien de que se trataba. ¡No parecía un pájaro cualquiera! Se mantenía en el aire sin esfuerzo.

Era un colibrí.

Estaba frente a él, sostenido en el aire mientras sus alas se movían a una gran velocidad.

Lo estuvo observando durante un rato como hechizado. El colibrí no se movía, parecía suspendido en el aire. ¡Era tan bonito! ¡Tan elegante! El joven estaba extasiado mirándolo sin poder apartar sus ojos de él.

Y por un instante se olvidó de su dolor y su tristeza absorbido por esa visión.

En ese breve instante, más breve que el aleteo de una mariposa, tuvo el destello de un recuerdo muy lejano que le hizo estremecer. Su cuerpo empezó a temblar mientras una corriente amorosa y pacífica le recorría de arriba abajo. Se sentía tan bien que se dejó llevar por esa sensación que había tomado el control de su vida en ese instante. Seguía sentado en el mismo bosque mientras el colibrí había empezado a volar a su alrededor.

El joven no sabía que le estaba pasando pero, ¡era tan agradable esa sensación! Ese calor que recorría su cuerpo. No quería que esa sensación parase nunca.

Después de un tiempo se sentía más tranquilo y como estaba anocheciendo decidió volver a casa.

Se dio cuenta de que el colibrí ya no estaba pero algo dentro de él sabía que seguía a su lado y que si lo necesitaba, este aparecería. Era como si el colibrí formase parte de él. Lo sentía muy cercano.

Estaba cansado así que se fue directamente a la cama. Todavía mantenía esa sensación de calor dentro de él.

Se durmió al instante y es noche tuvo una serie de sueños. Soñó con un bebé con alas, con un lugar que no reconocía. Veía a sus padres pero había alguien más. Alguien que no veía con claridad.

Entonces, en medio del sueño, esa persona desconocida volvió la vista hacia él y le habló. Le relató su historia, le habló de sus alas y de como para aplacar el sufrimiento y la preocupación de sus padres las había “ocultado” de la vista.

¡Todo parecía tan extraño! pensó el joven.

Y sin embargo, algo dentro de él le decía que era cierto.

El curandero le relató que junto con el hechizo para ocultar sus alas había puesto un recuerdo en su corazón que se activaría cuando llegase el momento.

Y el momento había llegado.

Fue la plegaria de su corazón la que activó ese recuerdo. También le dijo que había una forma de recordar sus alas y que estas volviesen a aparecer, y era a través de su deseo. Tenía que desear de todo corazón sus alas.

El curandero le contó que habría momentos en los que se olvidaría de ellas y la tristeza aparecería de nuevo, pero que sus alas nunca desaparecerían por mucho que se olvidase de ellas.

A partir de este momento ese recuerdo le guiaría y no le abandonaría nunca.

En ese instante, ante la vista atónita del joven, el curandero se transformó en un colibrí. ¡Era su colibrí! ¡El que había visto en el bosque! ¡Estaba tan contento de volver a verlo!

Mientras observaba al colibrí escuchó una voz que parecía venir de él: “Siempre estaré a tú lado. Si me necesitas, ¡llámame!”.

Al día siguiente el joven se despertó con una sensación extraña. Recordaba perfectamente el sueño. Había sido muy real.

¿Era cierto que tenía alas? se preguntaba el joven.

El no las veía, pero el curandero le había dicho que estaban ahí y que había una forma de deshacer el hechizo.

Todo parecía muy loco pero tenía que reconocer que se sentía muy bien cuando se concentraba en sus alas, como el curandero le había dicho, y recordaba sus alas.

Decidió no decírselo a nadie y siguió con su vida con ese recuerdo en su corazón. Todos los días se concentraba en ellas y cada vez le resultaba más fácil tenerlas presentes a lo largo del día.

Con el tiempo recordó sus alas y estas volvieron a aparecer. Su amigo el colibrí siempre estuvo a su lado como le había prometido manteniendo la confianza cuando al él le fallaba y empezaba a dudar.

Cuando sintió que llegaba el final de su vida, ya con sus alas desplegadas, el ya no tan joven se retiró al bosque, al claro donde había visto por primera vez al colibrí. Recordó ese momento y se sentó en el suelo como había hecho ese día. Sabía que su final estaba cerca pero no estaba nervioso, o triste. Sentía una gran paz por dentro, y una alegría tranquila en su corazón. Al igual que ese día se tumbó en la hierba a descansar. Y al igual que ese día se quedó dormido.

Y soñó, ¡oh no!, que se convertía en un colibrí.

Desde ese día hay un colibrí más dispuesto a guiar a todos aquellos que se han olvidado que tienen alas.

Este es tú recuerdo. Me has convocado y aquí estoy. El deseo de tu corazón me ha invocado.

Estás empezando a recordar.

Si, tu también fuiste un bebé con alas. ❤

Acuérdate de ellas a cada instante.

Deséalas de todo corazón.

Y ellas aparecerán de nuevo.

Te lo prometo.

Así fue conmigo y así será también contigo.

Con todo mi amor,

El Colibrí

~ Iciar ❤

 

ruisenor

Si juzgas, no amas

No puedes amar aquello que has juzgado.

Juzgar es separar y el amor es unión.

Cuando juzgas algo lo apartas de ti, y la brecha que se abre impide que el amor se reconozca como presente.

Cuando juzgas te olvidas del amor, te olvidas de Mí.

Te olvidas de que estoy a tu lado.

Te olvidas de Mi amor por ti.

Te olvidas del amor en Ti

Cuando juzgas no ves nada como realmente es, ves lo que quieres ver.

Cada juicio es una cortina de humo que te separa de la visión. Un fino velo que se interpone entre la Verdad y tú. Te coloca en una posición donde la luz parece haber desaparecido, donde el Amor parece imposible.

Si no sientes amor es porque estás juzgando. Estás juzgando tu vida, o a alguien cercano, estás juzgando al mundo, a alguna situación. Te estás juzgando a ti mismo, a Mí, a Dios.

Volver al flujo del amor es tan sencillo como desearlo: “Dejo ir mis juicios, Padre, quiero volver al flujo del Amor”.

Es abrirte al perdón que borra cualquier juicio de tu mente disipando las nubes que mantenían oculta la luz del sol: “Que el perdón, Padre, disipe las nubes y me muestre la Verdad en esta situación”.

El perdón es humildad. El juicio es orgullo.

El perdón pone fin a todo dolor. El juicio lo mantiene fijo en tu mente.

El perdón restaura tu santidad. El juicio perpetúa tu culpabilidad.

El perdón te muestra el milagro que toda situación esconde. El juicio ve toda situación como un ataque, un castigo.

No hay nada que el perdón no pueda subsanar porque no hay grados de dificultad en los Milagros.

Todo es lo mismo: un juicio que has lanzado contra el Hijo de Dios.

Retira el juicio y verás brillar la luz del Amor a través de cada situación.

Perdona y se feliz.

“El perdón ha eliminado todo cuanto se interponía a mi santa visión”.

~ J ❤

Siempre he estado a tu lado

Antes de cualquier cosa, vuélvete a Mí.

Antes de tomar una decisión, ven a Mi encuentro.

Cuando te encuentres indeciso sobre que paso dar, pregúntame a Mí.

Si algo te supone un desafío, pídeme ayuda.

Si crees que tienes un problema, pide mi opinión.

No tienes porqué hacerlo todo  por ti mismo, estoy a tu disposición las 24h/7 días a la semana.

Acostumbrate a preguntarme: ¿Qué quieres que haga?

Te responderé de forma que puedas entenderme y seguir mis consejos fácilmente.

Mi Camino es un camino sencillo, no hay esfuerzo en él.

Sólo te pediré aquello que estés preparado para llevar a cabo con mi ayuda.

Te guiaré siempre hacia tu máximo bien, que es también el Mío.

Y rápidamente te encontrarás haciendo cosas que nunca imaginaste hacer.

Te sentirás como en un flujo, dejándote llevar por la corriente de la Vida sin resistencia.

Verás que tienes tiempo para todo si pones el tiempo en mis manos.

Y una sensación de dicha y propósito irán anidando en tu corazón, mientras te encuentras sonriendo más a menudo a lo largo del día.

Entonces ya no querrás ir por tu cuenta porque habrás recordado que no estás solo, y que portas la Respuesta a todas tus preguntas contigo.

Así que si surge alguna pregunta o duda, te volverás hacia dentro y me preguntarás sin demora: ¿Qué es lo que necesito perdonar? ¿Qué es lo que necesito recordar? ¿Cual es la lección detrás de esta situación? ¿Qué quieres que haga?

Llegará un instante en que tu confianza en Mí será total.

Entonces ya no habrá nada que temer.

¿Quien tendría miedo sabiendo que el Amor camina a su lado?

Y ahora acercate…

Te susurraré algo al oído: “Estoy aquí, a tu lado, sosteniéndote a cada paso que das. Tan cerca de ti que hasta puedo rozarte…”

¿No me crees?

Cierra los ojos ahora y me sentirás a tu lado, rozando tu mejilla con mis manos.

Estoy aquí contigo.

Siempre he estado a tu lado.

~ J ❤