Donde nacen las palabras

Las palabras son pensamientos que brotan.

En si mismas no significan nada.

Son símbolos de símbolos.

Lo que importa es el espacio del que brotan.

Hay palabras que nacen en el campo de batalla. Son palabras cargadas de veneno emocional que se escupen como algo que sabe mal y te deja mal sabor de boca.

Hay palabras que hieren como cuchillas afiladas que buscan venganza.

Pero también hay palabras que sanan, palabras capaces de suavizar el dolor más profundo y elevar el alma.

Palabras cargadas de esperanza y de una certeza ante la que las dudas no tienen cabida.

Pueden tratarse de las misma palabras pero su impacto es muy diferente, tanto en el que las recibe, como en el que las pronuncia.

Vienen de dos reinos diferentes. Dos mundos en tu mente que no tienen nada en común.

Siempre sabes de donde proceden por como te sientes.

Uno de los reinos está dominado por un soberano cruel y vengativo, el otro por un gobernante amable y bondadoso.

Las palabras que brotan del reino de la crueldad están cargadas de miedo y se encuentran faltas de amor.

Son como criaturas hambrientas que buscan saciar su sed de venganza.

Son cínicas y solo buscan impresionar, hacerse notar. Claman a gritos que alguien les preste atención porque se encuentran terriblemente solos.

Sus despiadados ataques son el llamado de amor de un corazón desatendido.

Las palabras que brotan del reino de la bondad se nutren de la fuente del amor y son extensiones de la alegría serena del que se sabe completo.

Son gotas de lluvia que riegan el desierto hostil donde más se necesitan.

Acompañan, en ocasiones sin pronunciarse, aunque su efecto es igual de sanador.

Son bálsamos para el alma y reconfortan no solo al que las recibe, sino al que las da.

Brotan de una mente pacífica enamorada del silencio.

Todos reconocemos ambos reinos.

Todos podemos estar atentos al espacio en el que nuestra mente se encuentra a cada instante.

Observar nuestros pensamientos y las palabras que emitimos. También las que no pronunciamos pero cuyo clamor se extiende sin sonido alguno.

Podemos cultivar el jardín de nuestra mente arrancando de raíz toda semilla de miedo, culpa, enfado y dolor.

Pero para eso antes tenemos que detectar esas malas hierbas que dan al traste con la belleza del paisaje mental.

Estar atentos hasta al más leve y sutil susurro del miedo que adopta muchas formas.

Y llamar al Jardinero Real, a tu maestro interno, el Espíritu, siempre dispuesto a arrancar toda mala hierba que depositamos en Sus amorosas manos.

Nadie puede hacer este trabajo por nosotros.

Es nuestra responsabilidad cuidar de ese jardín y no permitir que su belleza se vea amenazada por pensamientos carentes de amor.

Es el regalo que te haces a ti mismo, y del que disfrutamos todos.

Cuida tu jardín.

~Iciar ❤

 

Esto también pasará 

Puede que tu corazón se rompa en mil pedazos y que te sientas tan triste y abatido que no veas una salida.

Que sientas que todo se va deshaciendo a tu paso y nada te sostiene.

Puede que las alas del abatimiento te rodeen y tengas la tentación de dejarte arrastrar por ellas hasta lo profundo de ese dolor inconsciente.

Que las turbulentas aguas de la desilusión te tragen y no tengas fuerzas para seguir luchando.

Puede que te encuentres aislado y sólo como en una plataforma en medio del océano insondable sin posibilidad de ir a ningún lado.

Y quizás, sólo quizás no tengas que ir a ningún lado…

Quizás, sólo quizás lo único que necesites es confiar.

Confiar en esa situación. 
Confiar en Algo a lo que ni siquiera quieres poner nombre.

Rendir las armas y dejarte llevar hasta el mismo centro del huracán. 

No necesitas defenderte, amigo.

Sólo necesitas confiar.

Confiar en que las alas de la indefensión te mantendrán a flote.

Que la luz está ahí aunque las nubes parezcan ocultarla y hacerla invisible a tus ojos no entrenados. 

Que esto también pasará, amigo.

Esto también pasará. 

~ Iciar 😘  

Entre dos mundos

Vivo entre dos mundos, dos mundos que no tienen nada en común.

Uno lo construí yo, el otro no.

Uno me atrae con sus miles de distracciones, deseos y expectativas como los cantos de sirena que atraían a los marineros hacia las rocas donde se estrellaban.

El otro me atrae como un faro en la oscuridad que me recuerda la seguridad del Hogar, de Tierra firme.

Me debato entre estos dos mundos.

Y me canso.

Y sufro.

Y me perdono por no decidirme por aquel que es mi salvación.

Y por momentos me juzgo por no ser capaz de saltar con los dos pies en la barca que me lleva a Tierra firme.

Y vuelvo a perdonarme por mi ambivalencia, por mis dudas y mi desconfianza.

Y empiezo a ser amable conmigo misma porque todavía me siguen tentando los cantos de sirena del mundo que no es mi hogar, y por que todavía sigo confiando en que esta vez no acabaré estrellada contra las rocas de la frustración de nuevo.

Es una locura.

Sólo el miedo, un miedo que no llego a comprender podría mantenerme vagando entre el Cielo y el infierno.

Pero tengo miedo. Un miedo profundo que brota desde las cavernas de mi propia mente inconsciente.

Miedo a disolverme en ese espacio donde no hay preguntas ni respuestas porque no son necesarias.

Miedo a soltar el timón y dejar que la corriente me dirija. A abandonar mi voluntad y rendirme a una Voluntad en la que todavía no confío. No siempre.

Por momentos me dejo llevar por ese vaivén de las olas y entonces de repente la tormenta se desata y el pánico vuelve a salir a la superficie.

-Esto es para valiente, escucho.

No me siento valiente. No en este instante en que el miedo me invade.

Yo estoy contigo, escucho de nuevo. No tengas miedo.

Y quiero creer a esa voz amiga y aferrarme a su confianza y fortaleza como a un salvavidas que me mantiene a flote.

-No hay nada que temer, sigo escuchando. Estoy contigo. Estás a salvo.

Y me agarro con más fuerza a esa voz mientras la tormenta ruge alrededor y me gustaría salir corriendo pero algo me detiene.

-Déjala que ruja, escucho de nuevo. No puede afectarte. Es solo un sueño, una pesadilla. No es real.

Y me permito estar en el centro del huracán sin ningún apoyo, sin defensas, unida a esa voz reconfortante que es lo único que quiero escuchar.

Céntrate en mí, escucho.

Y es lo que hago, porque quiero confiar en esa voz que me acompaña y me guía mostrándome el camino de vuelta a la paz.

Y la tormenta sigue rugiendo… pero yo estoy en calma.

~ Iciar ❤

 

Más allá de este mundo

Pido que se me conceda ver un mundo diferente, y tener pensamientos diferentes de aquellos que inventé. El mundo que busco no lo construí yo solo, y los pensamientos que quiero tener no son los míos. L-131. Nadie que se proponga alcanzar la verdad puede fracasar.

En este mismo instante puedes experimentar el Cielo si dejas de darle valor a aquello que no lo tiene y te enfocas en esa puerta en tu mente que permanece abierta.

Pide ser dirigido a esa puerta a medida que descartas uno por uno todo pensamiento mundano y lo reemplazas por tus verdaderos pensamientos.

Esa puerta está a tu alcance hoy.

Detente por un instante y observa el mundo que crees tu hogar.

Desplaza la vista por tu entorno suave y lentamente sin detenerte en nada en concreto.

Escucha los sonidos que te llegan sin aferrarte a ninguno de ellos.

Y reconoce internamente: Este no es mi Hogar.

Hazlo durante unos minutos repitiendo silenciosamente ese reconocimiento.

Céntrate ahora en el cuerpo y nota cualquier sensación. Puede tratarse de un ligero cosquilleo, una sensación o nudo en el estómago, un picazón en los ojos, o tensión en los hombros.

Observa todas esas sensaciones sin hacer nada con ellas. Luego lentamente reconoce: Esto no es lo que soy.

Hazlo durante unos minutos repitiendo silenciosamente ese reconocimiento.

Cierra ahora los ojos y centra la atención en tus pensamientos. Descártalos uno a uno diciendo: no quiero seguir conservando este pensamiento.

Esto no requiere ningún esfuerzo.

Luego suavemente reconoce: Estos no son mis pensamientos Verdaderos.

Hazlo durante unos minutos repitiendo en silencio este reconocimiento.

Abre los ojos y vuelve a centrarte en tu entorno, a escuchar los sonidos que te llegan mientras con calma y con intención dejas que la verdad vaya calando hondo en ti.

Repite: Este no es mi Hogar.

Luego vuelve a la conciencia del cuerpo y toma nota de las sensaciones mientras suave y lentamente repites: Esto no es lo que soy.

Puedes cerrar los ojos si esto te ayuda a ser más consciente de tu sentir.

Una vez más permite que ese pensamiento vaya calando hondo a medida que lo repites lentamente y sin esfuerzo.

Lleva tu atención a tus pensamientos y vuelve a repetir: Estos no son mis pensamientos Verdaderos.

Ahora imagina que estás delante de una puerta que permanece abierta. Al lado de la puerta se encuentra Jesús (o tu maestro interno, puedes utilizar el símbolo que prefieras) que te tiende su mano invitándote a atravesar con Él esa puerta.

Observa como te sonríe mientras te tiende su mano.

Es una invitación cariñosa para que te unas a Él y lo acompañes.

Aproxímate a la puerta con confianza y deja que una sonrisa se dibuje en tu rostro. Cuando lo sientas toma su mano fuerte y segura.

Deja que Él te dirija a través de esa puerta en tu mente mientras escuchas una voz que te susurra: Vamos, es el momento.

Luego simplemente déjate guiar más allá de este mundo de la mano de Jesús.

~ Iciar ❤

 

Tu verdadero poder

La realidad no necesita tu cooperación para ser lo que es. Pero tu conciencia de ella necesita tu ayuda, ya que tener esa conciencia es algo que tú [tomador de decisiones en la mente] eliges. Si le prestas oídos a los dictados del ego y ves lo que él te indica ver, no podrás sino considerarte a ti mismo insignificante, vulnerable y temoroso. Experimentarás depresión, una sensación de no valer nada, así como sentimientos de inestabilidad e irrealidad. Creerás que eres la desvalida víctima de fuerzas que están más allá de tu control y que son mucho más poderosas que tú. Y creerás que el mundo que fabricaste rige tu destino. Pues tendrás fe en eso. Pero no creas que porque tengas fe en eso, ello puede hacer que sea real. (T-21.V.2)

Debes ser consciente a lo largo del día de donde está tu atención, porque ahí donde está tu atención, allí se encuentra tu tesoro.

Aquello en lo que inviertes, a través de tu atención, se convierte en lo que valoras, y lo que valoras lo haces real para ti.

Si tu atención está en el mundo, estás invirtiendo en el sistema de pensamiento que le dio lugar y haciéndolo real en tu mente.

Ese sistema de pensamiento dicta quien eres y cuales son tus valores.

Invertir en el mundo es invertir en culpa pues ese fue su origen.

Invertir en culpa es negar tu Santo Ser y mantenerte separado del Amor de Dios.

Ese es el deseo oculto al que tu elección de foco sirve.

Invertir en el mundo es querer mantener una identidad personal.

Esa identidad personal no es el problema, el problema es haber elegido la voz estridente del ego como tu maestro.

Siempre que no estás en paz, estás invirtiendo en el mundo y esa inversión viene provocada por una decisión en tu mente. La decisión a favor del pecado (pasado), la culpa (presente) y el miedo (futuro), la trinidad impía del ego.

Hoy cambia tu foco de atención y dirigelo al lugar donde la paz descansa a la espera de que le des la bienvenida.

Esa paz no se encuentra en el mundo, sino que descansa en tu visión. En la parte de tu mente que guarda el recuerdo del Hogar.

Vete a ese lugar tranquilo siempre que algo del mundo parezca alterarte y únete allí al maestro de la paz, siempre dispuesto a intercambiar tu percepción errónea por su santa visión.

La paz te aguarda hoy a medida que retiras tu atención del mundo y la diriges hacia el altar de tu mente donde ella mora.

Desde ese centro tranquilo observas lo que sucede, tus pensamientos, tus emociones. Observas tu juicio, tus preocupaciones, el dolor y el sufrimiento desde fuera del campo de batalla.

Tu atención se dirige ahora hacia el interior de tu mente llevando el problema, la elección de la mente [tomador de decisiones, Hijo de Dios] a favor del ego, a la solución, la elección a favor del Espíritu Santo.

Y puedes por fin descansar en la paz, porque allí donde la luz se encuentra, allí no puede haber oscuridad.

Descansa en ese centro tranquilo hoy, y nada podrá alterar tu paz porque habrás descubierto tu verdadero poder, el poder del Hijo de Dios para elegir entre el problema, o la solución.

Enfócate hoy en la solución al reconocer el problema [decisión a favor del ego] y retirar tu atención del mundo.

Aquí y ahora, sólo paz.

Amen.

~ J ❤

 

¡Qué me acuerde de sonreír!

Hay momentos en los que estamos atravesando una etapa difícil y donde parece que nada nos funciona. Estamos atrapados en medio del conflicto y no encontramos una salida.

En esos momentos creo que lo importante como dice este texto es ser bondadosos con nosotros mismos y no juzgarnos.

Esta es la respuesta de Kenneth Wapnick, maestro del Curso, a una persona que está atravesando un momento difícil y que todos podemos aplicarnos en algún momento.

“No haces nada salvo decir: “estoy haciéndolo lo mejor que puedo. Se trata de una etapa desafiante y trataré de recordar tan rápidamente como pueda“. Eso es todo. El problema no es la “diminuta y alocada idea” (haciendo referencia a una línea del Curso) sino el tomarla en serio .

“Una diminuta y alocada idea, de la que el Hijo de Dios olvidó reírse, se adentró en la eternidad, donde todo es uno. A causa de su olvido (de reírse y tomarla en serio) ese pensamiento se convirtió en una idea seria, capaz de lograr algo, así como de tener efectos reales. Jun­tos podemos hacer desaparecer ambas cosas riéndonos de ellas, y darnos cuenta de que el tiempo no puede afectar a la eternidad. Es motivo de risa pensar que el tiempo pudiese llegar a circuns­cribir a la eternidad, cuando lo que ésta significa es que el tiempo no existe”.

Así que el problema no es que te estás olvidando de perdonar, ni salir del momento presente y quedar atrapada por el mundo, pero si tú juzgas eso, si te sientes culpable, entonces estás conservándolo (el sistema de pensamiento del ego que mantiene que la separación es real).

Si puedes mirar al asunto sin juicio entonces dices: “Estoy haciéndolo lo mejor que puedo. Todavía me siento tentada por mi ego, y aún estoy usando el mundo como defensa, pero eso no me convierte en una mala persona“.

El problema no es nada del ego; el problema es que nos lo tomamos en serio.

Así que cuando nos descubrimos tomándolo en serio, la respuesta es mirar con Jesús que simplemente sonríe.

Mantente pidiéndole a Jesús que te ayude a acordarte de sonreír. 🙂

~ Entrevista a Kenneth Wapnick ❤

 

Jesús8

Lo poco que te pido

Cuando una mente cree en las obscuridad y se niega a abandonarla, la luz no puede entrar. La verdad no lucha contra la ignorancia, ni el amor ataca al miedo. Lo que no necesita protección no tiene necesidad de defenderse a sí mismo. Las defensas son invenciones tuyas, Dios no las conoce. El Espíritu Santo las usa en favor de la verdad sólo porque tú las inventaste contra ella.

La percepción que de acuerdo con Sus propósitos Él (el Espíritu Santo) tiene de ellas, simplemente las transforma (a las defensas) en una llamada a lo que has atacado con ellas (la verdad, la luz de Cristo). (T-14.VII.5:1-6)

Las defensas son invenciones tuyas y Yo no creo en ellas, pero tú sí. Si no las traes a la luz y las mantienes ocultas, no puedo ayudarte.

Tu inventaste las defensas como una forma de proteger tu identidad individual y mantener de esta forma “a salvo” la creencia en la separación.

De lo único que te proteges es de aquello que más temes: el Amor de Dios.

Lo poco que te pido, y que puedes llevar a cabo es lo siguiente:

“El Espíritu Santo sólo te pide esto: que lleves ante Él todos los secretos que le hayas ocultado. Ábrele todas las puertas y pídele que entre en la obscuridad y la desvanezca con Su luz. Si lo invitas, Él entrará gustosamente. Y llevará la luz a la obscuridad si le franqueas la entrada a ella. Pero Él no puede ver lo que mantienes oculto. Él ve por ti, pero a menos que tú mires con Él, Él no puede ver. La visión de Cristo no es sólo para Él, sino para ti y para Él. Llévale, por lo tanto, todos tus pensamientos tenebrosos y secretos, y contémplalos con Él. Él abriga la luz y tu la obscuridad. Ambas cosas no pueden  coexistir cuando las contempláis juntos. Su juicio prevalecerá, y Él te lo ofrecerá cuando unas tu percepción a la Suya”. (T-14.VII.6)

Esto es todo lo que tienes que hacer. Todo lo que se te pide. Que te mantengas vigilante de tu mente y no quieras mantener oculto y alejado del amor ningún pensamiento de ataque, ningún juicio o interpretación que no te aporte paz.

Muéstrame tus defensas y juntos las haremos desaparecer a la luz de la Verdad.

 

~J ❤

 

Abandona el juicio en mis manos

Cada vez que notes una punzada de dolor, de malestar, de intranquilidad, estás juzgando algo. Estás emitiendo un juicio sobre la realidad, sobre ti mismo o sobre alguien más.

Estás emitiendo un juicio sobre Dios y su santo Hijo.

Esto no puede traerme tranquilidad, y nunca lo hará.

En última instancia, el juicio siempre es sobre ti. Estás diciendo: “No soy el santo Hijo de Dios, soy un cuerpo, no soy inocente, soy culpable“.

Puedes que no seas consciente de que esto es lo que tratas de hacer cada vez que emites un juicio, pero te aseguro que es así.

Estás negando tu santo Ser y utilizando a esa persona, o situación para justificar el ataque.

Al negar tu santo Ser lo que estás diciendo es: Dios, estás equivocado. Jesús, estás equivocado.

Por esa razón todo ataque es un ataque a Dios, a su Realidad de la que formas parte.

Darte cuenta de esto es un paso importante, pero si te quedas ahí estarás haciendo la mitad del trabajo.

No te quedes a mitad de trabajo. Ahora trae tus juicios ante mí y deja que Yo juzgue la situación por ti.

Únete a mí y deposita tu falsa percepción en mis manos para que yo elimine todo aquello que pueda causarte dolor y lo sustituya por lo que sólo puede aportarte felicidad.

El perdón es tu función. Y el perdón implica que retiras tu proyección, la proyección de tus juicios sobre el mundo, y luego pides ayuda para percibir correctamente.

Este paso es tan necesario como el anterior. Es un paso que tienes que llevar a cabo tú.

Luego Yo tomo el siguiente paso que es sanar tu mente.

Así que cada vez que notes una punzada de dolor, de lamestar, puedes preguntarte: ¿Qué estoy juzgando?

Tómate un tiempo de silencio y luego pide que lo juzgue por ti.

De esta forma dejarás de atacarte, dejarás de seguir utilizando esa situación o a esa persona para mantenerte alejado de tu santo Ser y volverás a la conciencia del Amor.

Haz esto con toda situación sin distinciones.

En el primero paso retiras la proyección y te das cuenta de que estás reaccionando a tus propios juicios. Y en la segunda parte pides que te ayude a juzgar esa situación por ti.

~ J ❤

 

Deja que hoy juzgue todo por ti

“Le ha dado a todo lo que veo todo el significado que tiene para mí”.

Lo que esta lección quiere transmitir es que tú eres el que otorga el significado a todo lo que percibes. De hecho percibir es darle significado a algo que no lo tiene.

Y el significado se lo otorgas en función de aquello que crees ser.

Si crees que eres un cuerpo lo que percibas simplemente será un testigo de esa creencia.

Si crees que eres Espíritu, lo que percibas también dará testimonio de esa creencia.

El mundo siempre ofrece testimonio de lo que en el fondo crees.

Si algo de lo que sucede en el mundo te afecta, esto es así porque crees que el mundo es causa y que tú eres su efecto. Crees que el mundo tiene poder sobre ti. Este pensamiento es tan demente que no puede más que traer como resultado el sufrimiento y el dolor.

Ahora estás a merced del mundo, eres su esclavo y nadie puede sentirse a salvo si la esclavitud es su estado mental.

No eres un esclavo. Dios te creó libre. Tú simplemente decides cómo utilizar esa libertad. Eres libre de sentirte un esclavo, pero también eres libre de quitarte los grilletes y abandonar ese estado mental.

“Nada de lo que veo significa nada”

Nada de lo que veo puede determinar Quien Soy, pues Aquello que Soy está muy lejos de la imagen que pretendo mantener y que no significa nada.

Deja que yo juzgue todo por ti.

Deja que sea Yo el que de significado a todas las cosas.

Deja que todo lo que suceda sirva a un único Propósito, Mí Propósito.

Deja sitio para la Verdad al dejar de darle significado a lo que no lo tiene.

Entonces todo será re-interpretado bajo Mí Mirada. Todo será un canto a alabanza a la Paz. Y un manto de quietud se posará sobre todo aquello en lo que tus ojos se posen, cubriendo con su cálido aliento el mundo.

Deja que hoy sea Yo el que juzgue todo lo que sucede.

Pídeme que te ayude a juzgar correctamente aquello que te preocupe y mi juicio desvelará lo que siempre estuvo ahí, lo que nada puede ocultar pues su luz es tan brillante que su resplandor no te dejará ver nada que no sea la luz.

Permite que las nubes de significado dejen paso hoy a la luz que pretendían ocultar.

Y ese Conocimiento penetrará en tu mente dándole un nuevo significado.

Ábrete hoy a la visión más allá de las nubes.

Deja que hoy juzgue todo por ti.

Deja que el Cielo descienda sobre la tierra llenándolo de luz.

~ J ❤

Todo es lo mismo

Todos los problemas son el mismo problema.

Toda manifestación o síntoma, no importa la forma que esta adopte, son el mismo efecto.

Esto hace de la salvación algo sencillo.

Todo es lo mismo.

Algunos síntomas parecen más amenazadores que otros pero eso es simplemente una distorsión.

Desde un cosquilleo en los pies hasta un dolor de cabeza, todo responde a la misma fuente.

Y si buscas dicha fuente no la encontrarás.

No hace falta que me creas, pero haz el experimento.

¿Donde está ese “yo” al que le suceden cosas?

Si cierras los ojos y te sumerges por debajo de los pensamientos, ¿dónde está ese cuerpo al que veneras y que quieres proteger?

¿Por qué darle más importancia a un síntoma que a otro si todo es lo mismo?

Eso es lo que significa generalizar.

Ningún efecto tiene el poder de  restarte ni un ápice de paz.

Pero si valoras un efecto más que otro eso será lo que creerás, y querrás que desaparezca.

Pero tú sólo deseo de que desaparezca es un indicativo del miedo que le tienes.

Esa es la raíz que tienes que ser arrancada de tu mente.

Como una mala hierba que inunda un campo lleno de flores el miedo se cuela en tu mente echando raíces.

Pero las flores siguen ahí.

Todas las bendiciones que te han sido dadas siguen esperando por ti.

Pero tendrás que arrancar una por una esas malas hierbas para que la belleza del campo florido vuelva a ser lo que siempre fue.

El miedo es el gran impostor.

Te hace ver cosas que no están ahí, trata de confundirte sobre lo que es importante.

No le creas.

Todo es lo mismo.

Desde un bostezo hasta el dolor más profundo.

Todo refleja una realidad aparente que no tiene más consistencia que la de la bruma en un día de tormenta.

Un velo que trata de ocultar la belleza que esconde.

Estás a salvo.

En cualquier instante, no importa las apariencias, puedes traer ese recuerdo a tu memoria.

“Estoy a salvo.

Sostenido por los brazos del Amor.

Acunado por la melodía de la paz.

Descansando tranquilamente en un campo de dicha y felicidad.

En el Cielo soñando con el infierno”.

~ J ❤