Entre dos mundos

Vivo entre dos mundos, dos mundos que no tienen nada en común.

Uno lo construí yo, el otro no.

Uno me atrae con sus miles de distracciones, deseos y expectativas como los cantos de sirena que atraían a los marineros hacia las rocas donde se estrellaban.

El otro me atrae como un faro en la oscuridad que me recuerda la seguridad del Hogar, de Tierra firme.

Me debato entre estos dos mundos.

Y me canso.

Y sufro.

Y me perdono por no decidirme por aquel que es mi salvación.

Y por momentos me juzgo por no ser capaz de saltar con los dos pies en la barca que me lleva a Tierra firme.

Y vuelvo a perdonarme por mi ambivalencia, por mis dudas y mi desconfianza.

Y empiezo a ser amable conmigo misma porque todavía me siguen tentando los cantos de sirena del mundo que no es mi hogar, y por que todavía sigo confiando en que esta vez no acabaré estrellada contra las rocas de la frustración de nuevo.

Es una locura.

Sólo el miedo, un miedo que no llego a comprender podría mantenerme vagando entre el Cielo y el infierno.

Pero tengo miedo. Un miedo profundo que brota desde las cavernas de mi propia mente inconsciente.

Miedo a disolverme en ese espacio donde no hay preguntas ni respuestas porque no son necesarias.

Miedo a soltar el timón y dejar que la corriente me dirija. A abandonar mi voluntad y rendirme a una Voluntad en la que todavía no confío. No siempre.

Por momentos me dejo llevar por ese vaivén de las olas y entonces de repente la tormenta se desata y el pánico vuelve a salir a la superficie.

-Esto es para valiente, escucho.

No me siento valiente. No en este instante en que el miedo me invade.

Yo estoy contigo, escucho de nuevo. No tengas miedo.

Y quiero creer a esa voz amiga y aferrarme a su confianza y fortaleza como a un salvavidas que me mantiene a flote.

-No hay nada que temer, sigo escuchando. Estoy contigo. Estás a salvo.

Y me agarro con más fuerza a esa voz mientras la tormenta ruge alrededor y me gustaría salir corriendo pero algo me detiene.

-Déjala que ruja, escucho de nuevo. No puede afectarte. Es solo un sueño, una pesadilla. No es real.

Y me permito estar en el centro del huracán sin ningún apoyo, sin defensas, unida a esa voz reconfortante que es lo único que quiero escuchar.

Céntrate en mí, escucho.

Y es lo que hago, porque quiero confiar en esa voz que me acompaña y me guía mostrándome el camino de vuelta a la paz.

Y la tormenta sigue rugiendo… pero yo estoy en calma.

~ Iciar ❤

 

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