Elijo el júbilo de Dios

El cuerpo en manos del Espíritu Santo es un vehículo de comunicación pero antes de que pueda utilizarse para este fin la mente tiene que purificarse de todas las ideas y creencias erróneas respecto al cuerpo.

El cuerpo es el testigo fiel del ego, y el dolor y la enfermedad los estandartes que erige para llevar tu atención al cuerpo y olvidarte de que eres mente y tienes elección.

Al olvidar la causa (sistema de pensamiento del miedo), olvidas que tú mismo lo elegiste (el tomador de decisiones en la mente) y por lo tanto no puedes ser víctima de tu propia creación, de tu propio deseo loco de ser lo que no eres (un cuerpo en lugar de Espíritu).

Recuerda que:

“Soy responsable de lo que veo (enfermedad, dolor…) y elijo los sentimientos que experimento (dolor, tristeza,…) y el objetivo a alcanzar (pecado = falta de amor). Y todo lo que parece sucederme yo mismo lo he pedido, y se me concede tal como lo pedí”.

No te engañes por más tiempo pensando que eres impotente ante lo que se te hace. Reconoce únicamente que estabas equi­vocado, y todos los efectos de tus errores desaparecerán.

Cuando te das cuenta de que te estás haciendo esto a ti mismo, al juzgar a otros, criticar, juzgarte y atacarte, al tomar la mano del miedo y dejar que sea él tu maestro, estás en disposición de parar y elegir de nuevo: “No quiero seguir haciendome esto a mi mismo, ni a nadie más”.

El poder está en la mente, y la salvación también lo está.

Así que te unes a mí (Jesús, Espíritu Santo, maestro interno) en un nuevo propósito que es sanar la mente. No se trata de sanar el cuerpo, sino la parte de la mente que se cree un cuerpo, cuerpo que parece enfermar y experimentar dolor (siempre desde la perspectiva del ego). El cuerpo no puede sufrir salvo que la mente así lo determine.

La enfermedad y el dolor son un error, un error que tiene que ser corregido allí donde su causa reside, en la mente de aquel que cree que el Hijo de Dios puede sufrir.

No aceptes el sufrimiento como parte de tu experiencia. El sufrimiento no tiene nada que enseñarte. El amor sí.

Permite que tu mente sea sanada hoy completamente y el error sea subsanado allí donde la Verdad mora, en la mente del Hijo de Dios, tu verdadero Ser.

No tomes el dolor y la enfermedad como tus maestros. Elígeme a mí como tu maestro.

Únete a mi en este instante santo.

Permanece a mi lado.

Toma mi mano y juntos abandonaremos el mundo de sufrimiento, dolor y enfermedad.

El Cielo te está esperando.

Es la hora.

“Elijo el júbilo de Dios en lugar del dolor”. L-190

~ J ❤

 

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2 pensamientos en “Elijo el júbilo de Dios

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