¡Que la paz sea contigo hoy!

Padre, ¡qué día tan sereno hoy! ¡Cuán armoniosamente cae todo en su sitio! Éste es el día señalado para que llegue a entender la lección de que no tengo que hacer nada. En Ti ya se han tomado todas las decisiones. En Ti ya se ha resuelto todo conflicto. En Ti ya se han colmado todas mis esperanza. Tu paz es mía. Mi corazón late tranquilo y mi mente se halla en reposo. Tu Amor es el Cielo y Tu Amor es mío. L- 286: La quietud del Cielo envuelve hoy mi corazón.

Si tengo que destacar una parte de la misa que siempre me ha emocionado y conmovido es el momento en el que el sacerdote dice: “Daros fraternalmente (somos hermanos) la paz.” Entonces te vuelves hacia las personas que te acompañaban, y hacia esas personas que la vida ha puesto en ese momento a tu lado y mientras les estrechas la mano dices: ¡Que la paz sea contigo!

Este momento de unión y celebración resume para mí todo el significado del mensaje de Jesús: unirnos en la paz de Dios.

Más allá de las palabras o del sermón de ese día, este simple gesto encierra, desde mi punto de vista por supuesto, la sabiduría que todos albergamos en nuestro corazón. Que SOMOS PAZ, SOMOS SANTOS Y NUESTRA SANTIDAD BENDICE AL MUNDO.

¿Por qué entonces no ofrecer la paz en el día a día?

No te pido que vayas por la calle dando la mano a los transeúntes mientras les dices: ¡la paz sea contigo hoy! (¡aunque habría que ver sus caras! 🙂 ) Al igual que decíamos el otro día podemos hacer este gesto de manera silenciosa. Unirnos mentalmente a alguien que sabemos que necesita ayuda, que está pasando por un momento bajo, y desearle la paz: ¡Que la paz sea contigo hoy ____ (nombre de la persona)! Y sentir como esa paz pasa a través de nosotros pues dar nos recuerda que tenemos aquello que ofrecemos. Así que si tu misma no estás pasando por un momento muy bueno, desear la paz a otros (tu mente te mostrará quienes son los mejores destinatarios) te recordará eso que creías perdido.

¡Qué regalo para uno mismo el recordar que SOY PAZ, que no tengo que hacer nada para serlo, no tengo que cambiar nada en mi vida, en mi cuerpo, en mis relaciones para sentir esa paz que SOY! Que es tan sencillo como respirar. ¡Y tan cálido como un gran abrazo!

Levantarme cada día con el pensamiento de: “Este es un día de sosiego y paz” (L-291) ó “Elijo pasar este día en perfecta paz” (L-255) y mi favorito: “La quietud del Cielo envuelve hoy mi corazón” (L-286) y recordar esa elección a lo largo del día mientras descanso en la paz que SOY.

Gracias a todos los que seguís este espacio aquí y en las redes sociales. Gracias a vosotros que os tomáis el tiempo de leer mis “locuras”. Gracias de corazón.

A todos y cada uno de los que hoy leáis esta entrada: ¡Que la paz sea contigo ahora y siempre!

Descansa en el Amor. Descansa en la Paz.

~ Iciar ❤

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