Día 22 – El árbol que no sabía quien era

Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales.

Todo era alegría en el jardín; y todos ellos estaban muy satisfechos y felices. Excepto por un solo árbol, profundamente triste.

El pobre tenía un problema: no daba frutos. “No sé quién soy,” se lamentaba.

– Lo que te falta es concentración,- le decía el manzano,- si realmente lo intentas, podrás tener deliciosas manzanas. ¿Ves que fácil es?

No lo escuches,- exigía el rosal.- Es más sencillo tener rosas y ¿Ves que bellas son?

Y desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:

-No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. ES tu enfoque lo que te hace sufrir.

“No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé tu mismo. Conócete a ti mismo como eres. Y para lograr esto, escucha tu voz interior.” Y dicho esto, el búho se fue.

“¿Mi voz interior…? ¿Ser yo mismo…? ¿Conocerme…? ” Se preguntaba el árbol desesperado. Y se puso a meditar esos conceptos.

Finalmente, de pronto, comprendió. Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y pudo escuchar su voz interior diciéndole:

“Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros y belleza al paisaje. Eso es quién eres. ¡Sé lo que eres! Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces todo el jardín fue completamente feliz, cada quien celebrándose a sí mismo.

Uno de los factores que más sufrimiento nos provoca es el compararnos con los demás, ya que por lo general salimos perdiendo. Miramos alrededor y evaluamos nuestra experiencia según patrones ajenos ya sean estos de nuestros padres, amigos, maestros, etc. Escuchamos la opinión de los “expertos” sobre lo que se debe hacer, sobre lo que necesitamos, lo que es “bueno” o lo que debemos abandonar, y aunque en ocasiones lo intentamos con todas nuestras fuerzas y seguimos sus consejos, al final nos alcanza una gran frustración ya que parece que eso que a ellos les parece tan fácil no lo es para nosotros. Entonces nos dicen que no lo hemos hecho con la suficiente intención o que necesitamos más disciplina o esfuerzo, y el problema es que nos lo creemos. ¡Vamos que no lo has intentado lo suficiente! Y al entrar en el juicio contra nosotros mismos, ¡cerramos nuestro corazón y dejamos de escucharnos!

No creo, sinceramente, que sea una cuestión de más esfuerzo como en ocasiones nos hacen (o hacemos) creer. Todos quien más y quien menos nos hemos puesto manos a la obra en múltiples ocasiones, hemos empezado con ilusión proyectos, o libros, hemos asistido a cursos, nos hemos puesto “deberes”, hemos iniciado la acción con ganas incluso, para por el camino ir perdiendo la motivación y la energía. Eso que podría parecer un “problema” quizás no lo sea tanto.

Imagínate como dice el cuento que tu, que no sabes quien eres, observas un rosal y piensas: ¡Qué bonito! ¡Me gustan sus flores! ¡Me encanta su olor! Debe de ser bonito ser rosal ya que él parece feliz mientras que yo no me siento muy bien. Y además mira al resto de las personas, a todas parece que les gustan los rosales. ¡Vale! Voy a ser rosal…. Entonces te ilusionas porque piensas que has encontrado lo que llevabas tanto tiempo buscando. ¡Vas a ser un rosal!

El rosal te dice: claro ser rosal es lo mejor del mundo. ¡A todo el mundo le gustan los rosales! ¡Y somos muchos! ¡Es muy sencillo ser rosal! Simplemente tienes que “creerte” que lo eres, “visualizarte” con hermosas rosas y sentir el perfumes de tus flores. Tienes que hacer esto todos los días, sintiéndolo.

Empiezas a poner tu intención en ser un rosal, un día y otro… te cuesta y parece que no te sientes tan bien como se supone que deberías sentirte pero piensas que es normal, sólo hay que insistir un poco más. E insistes…

Miras al rosal y parece que no hace nada, y piensas que algo debes estar haciendo mal para que te cueste tanto trabajo ser como él. ¡Vale, quizás tengan razón y sea un poco perezosa (vaga, tonta, pon aquí el adjetivo que prefieras), igual no le pongo el suficiente entusiasmo…!

Pero a pesar de tu buena “intención”, poco a poco vas perdiendo motivación y energía…hasta que al final abandonas con un gran peso en tu corazón por no haber sido capaz de convertirte en rosal cuando alrededor parece que otros ya lo han conseguido.

En ocasiones te esfuerzas tanto que al final te conviertes en rosal para darte cuenta al final de que eso que parecía tan estupendo en los demás a ti no te trae la satisfacción que esperabas. Eres un rosal, pero no te sientes como esperabas sentirte. Y el vacío sigue…

Lo que en principio parece como un problema, no haber sido capaz de convertirte en rosal, puede que no lo sea en absoluto. ¡Sobretodo si como en el cuento eres un roble! Todos esos obstáculos en el camino pueden ser simplemente indicadores de tu voz interior para que abandones ese camino y te rindas a lo que ERES en lugar de a lo que deberías SER.

Así que como dice el cuento, sólo cuando cierres los oídos y los ojos a todo lo ajeno y conectes con el silencio que hay en tu interior, tu corazón empezará a hablarte en tu propio lenguaje. Y será perfecto para ti.

~ Iciar ❤

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