Día 18 – Aprender a bucear

En LA VIDA yo diferencio la acción de la actividad. La acción requiere presencia, por el contrario, en la mayoría de los casos, la actividad nos evade de estar presentes en la acción que LA VIDA nos propone en el presente. ~ Yolande Duran ❤

Las acciones pueden surgir de la superficie o de la profundidad de vuestro Ser, del silencio interior. La mayoría de ellas surgen de la agitación de la superficie de vuestra vida. ¿Qué hago? ¿Qué tengo que hacer? Utilizas la acción como una forma de escaparte, de huida, un parche a lo que está sucediendo en tu vida en este momento.

Si te vieras desde aquí arriba te reirías de tu forma de moverte siempre presurosa, tratando de alcanzar algo. El próximo cliente, el próximo proyecto, el próximo instante. El próximo…

Hay dos tipos de personas, los llamados “visionarios” que siempre tienen su mente en el futuro, y los que viven reviviendo el pasado una y otra vez. Tanto los unos como los otros se agotan. Piensan que van a algún lado pero la realidad es que se mueven en una cinta de caminar con la apariencia de que avanzan pero sin apenas moverse del sitio. Eso si, unos miran hacia adelante, y otros hacia atrás.

Cuando las acciones surgen de la superficie de tu experiencia son pobres. No arraigan y por esa razón tenéis que seguir actuando, promoviendo la acción.

Las acciones en la superficie siempre están inspiradas por ir hacia el futuro, o alejarse del pasado. Su motor es la búsqueda de placer o huir del dolor. Tanto unas como otras os alejan de este instante. Ir hacia el placer es la eterna búsqueda en el futuro de aquello que no puede más que encontrarse en este instante. El burro y la zanahoria. Y no quiero recordarte cual es el papel que te toca representar en esta historia. 😉 La huida del dolor es igual de infructuosa puesto que lo cargas en la mochila por muy lejos que te vayas.

Imagínate que estás en una cinta de andar. En la pared de enfrente hay una bonita vista de una playa paradisíaca que es a donde quieres llegar, el objetivo a alcanzar. Y a la espalda llevas una mochila cargada de piedras.

Por más que camines por esa cinta nunca llegarás a alcanzar la pared de enfrente, y la mochila seguirá contigo a tu espalda.

Entonces llegará un momento en que caminar por esa cinta te cansará y estarás dispuesto a cuestionar tu forma de pensar y por lo tanto de actuar. Empezarás a sentir que hay gato encerrado. Que algo no está funcionando. Que por más que quieres avanzar eso que buscas se te resiste. Y el dolor sigue contigo como un compañero fiel que querrías que te pusiese los cuernos y se enamorase de otro.

Y me dirás, ¿ya pero algo tengo que hacer? A algo tengo que dedicar el día.

Si, y todo depende de cual sea tu prioridad. ¿Qué es lo que busco alcanzar con esta acción? ¿Cual es su propósito? Si el propósito tiene algo que ver con el mundo, conseguir algo del mundo, estarás y te mantendrás en la superficie. Las acciones del mundo son olas que lo máximo que te llevarán es a una calma temporal que creerás que es lo que estabas buscando, pero que nunca podrás aportarte una paz duradera.

¿Cual es el propósito detrás de la acción que surge de la profundidad de tu Ser? No es nada que tenga que ver con el mundo, ni con tu apego a él. Es algo que está más allá de él y sin embargo tan cerca de la superficie que te daría la risa si lo experimentase solo por un instante. Ese instante salvaría tu vida. Y ese instante es este instante.

Nunca ha habido otro, ni nunca podrá haber otro. Este instante, desde la visión de tu Ser, es inmutable, como la calma en el fondo del océano. Esa calma nunca se ve amenazada por las olas de la superficie. Permanece inalterable ante sus acometidas. No necesita que la superficie se calme para sentir paz ya que la paz no se encuentra ahí sino en su profundidad.

Ese deseo de que la superficie se calme es un indicativo de a donde estoy mirando, a la superficie o a la profundidad de mi Ser. Sólo si me guío por la superficie agitada por las olas tendré el deseo de cambiar mi situación, salvarme de ese mar embravecido que parece tener algo en contra mía.

No te das cuenta que la salvación está más cerca de lo que te imaginas. Pero para eso vas a tener que meter la cabeza en el agua. Vas a tener que explorar tus emociones, esas de las que huyes y contra las que luchas.

Llegar a la profundidad requiere empezar a bucear, y seguir buceando. Entrar en ti.

Al principio tus órganos no estarán habituados a respirar debajo del agua de tus emociones y entrarás y saldrás de ellas. ¡Ya es suficiente! Pero a medida que sigas aprendiendo a bucear tus pulmones se irán abriendo, y tu corazón también, de forma que el tiempo que podrás permanecer en esa profundidad será cada vez mayor. Y cuando vuelvas a la superficie ya no serás el mismo. Esa profundidad alcanzada irá contigo. ❤

~ La Voz interior ❤

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