La puerta está abierta

Al final he llegado a creer en algo que yo llamo la física de la búsqueda. Una fuerza de la naturaleza que se rige por leyes tan reales como la ley de la gravedad. La regla de la física de la búsqueda viene a decir algo así: Si tienes el valor de dejar atrás todo lo que te protege y consuele (puede ser desde tu casa hasta viejos rencores) y embarcarte en un viaje en búsqueda de la verdad, ya sea interior o exterior… Si estás dispuesto a que todo lo que te pase en ese viaje te ilumine, y a quien encuentres por el camino te enseñe algo… Y si estás preparado, sobre todo, a afrontar y a perdonar algunas de las realidades muy duras de ti mismo… Entonces, la verdad no te será negada.

~ Elizabeth Gilbert: Come, Reza, Ama

Siempre digo que todo te está llevando a Casa, que solo hay que aprender a mirar con nuevos ojos lo que sucede y dejar que te enseñe.

Hoy la enseñanza ha venido de la mano de una mosca. 😮

Tenía la puerta de salida a la terraza abierta así que una mosca entró en la habitación. Empezó a dar vueltas. Primero  se centró en otra ventana, que estaba cerrada, se daba golpes contra dicha ventana queriendo salir, pero como estaba cerrada era imposible. Pensé en abrirle la ventana pero entonces pensé: “aquí hay una lección“, así que simplemente observé la escena. “Tiene que salir por donde ha entrado, puede que se encuentre aturdida, perdida, pero la salida está disponible. No está presa, la puerta está abierta.” escuché. Y la seguí observando dar vueltas, golpeando contra las ventanas una y otra vez, hasta que ha salido por donde había entrado. Y se ha ido.

Esta situación me ha hecho pensar en nosotros. Pensamos que estamos perdidos, atascados en un mundo, en un cuerpo, luchando contra las situaciones que están presentes en nuestra vida con la idea de que la salida se encuentra en ellas. Como polillas nos acercamos a la luz, chocamos contra la ventana, lo intentamos una y otra vez. Nos desesperamos. Seguimos buscando la respuesta allí donde esta no se encuentra. Entonces nos sentimos fustrados, impotentes, desanimados. Pero la respuesta siempre ha estado a nuestro alcance. Si hemos entrado aquí, la puerta tiene que estar abierta. Y tenemos que salir por donde hemos entrado.

En el capítulo 5 de Un Curso de Milagros se nos explica que tenemos que llevar nuestra mente al momento en que la decisión errada se tomó: “Tu papel consiste simplemente en hacer que tu pensamiento retorne al punto en que se cometió el error, y en entregárselo allí a la Expiación (el Amor Perfecto) en paz.” Lo que el Curso nos recuerda, una y otra vez, es que la decisión se tomó en la mente, y que por lo tanto es ahí donde la solución se encuentra. La solución no está en el mundo, no está en las circunstancias de nuestra vida, no se encuentra en tal o cual persona, la solución está en la mente pues es ahí donde reside el maestro que nos muestra que la “puerta está abierta”.

Estamos en un camino de retorno hacia el punto en el que tomamos esa “idea loca” que nos atemorizó y cuyo miedo y culpa escondimos en este mundo que no es más que una proyección de nuestra mente temerosa del Amor. Retornar a esa “idea loca” de que podíamos estar separados de nuestro Ser. Que podíamos inventar algo que no fuera Amor. Y la manera de salir de esta madriguera del conejo, como en Alicia en el País de las Maravillas, es llevando nuestra mente al instante en que esa decisión se tomó, al instante en que el miedo tomó el lugar del amor en nuestra mente, y eligiendo de nuevo.

“Siempre que no te sientes completamente dichoso es porque has reaccionado sin amor ante una de las creaciones de Dios. Tú eres el que toma la decisión de reaccionar de esa manera, y, por lo tanto, la puedes revocar. No puedes revocarla arrepintiéndote en el sentido usual de la palabra porque eso implicaría culpabilidad. Si sucumbes al sentimiento de culpabilidad, reforzarás el error en vez de permitir que sea des-hecho.

Tomar esta decisión no puede ser algo difícil. Esto es obvio, si te percatas de que si no te sientes completamente dichoso es porque tú mismo así lo has decidido. Por lo tanto, el primer paso en el proceso de des-hacimiento es reconocer que decidiste equivocadamente a sabiendas, pero que con igual empeño puedes decidir de otra manera. Sé muy firme contigo mismo con respecto a esto, y mantente plenamente consciente de que el proceso de deshaciemiento, que no procede de ti, se encuentra no obstante en ti porque Dios lo puso ahí. Tu papel consiste simplemente en hacer que tu pensamiento retorne al punto en que se cometió el error, y en entregárselo allí a la Expiación en paz.”

Somos como moscas buscando una salida que siempre ha estado a nuestro alcance. No importa cuanto nos demoremos en encontrar la salida, la puerta sigue abierta esperando a que tomemos la decisión de salir al aceptar la solución que ya se nos ha dado.

Durante la mañana la puerta de salida a la terraza ha permanecido abierta y la mosca, u otra muy parecida, ha estado entrando y saliendo en varias ocasiones. Eso me ha llevado a pensar que en nuestro caso es lo mismo, nos encontramos entrando y saliendo de este mundo a cada instante, hasta el instante en que nuestro deseo de libertad sea consistente.

Nadie puede hacer este trabajo por ti. Si le hubiese abierto la ventana a la mosca, puede que hubiese salido, pero la próxima vez que entrase buscaría la salida donde no está. Y me necesitaría a mí para encontrar la salida. ¿Os suena? ¿Creer que necesitamos a ese “gurú”, a ese maestro, a tu pareja, a tus hijos para tú sentirte bien? Al ser tú mismo, con ayuda de tu maestro interior, el que encuentra la salida, cada vez se te hará más presente que la solución ya se te ha dado. De hecho estar en el umbral significa que el tiempo que necesitas para retornar a la mente cuando sientes que no estás en paz es prácticamente inmediato. Recuerdas a la mayor celeridad posible que la solución a cualquier problema ya se te ha dado, pues todos los problemas son uno, y la respuesta siempre es la misma. ❤

Repite para tus adentros lo que sigue a continuación tan sinceramente como puedas, recordando que el Espíritu Santo responderá de lleno a tu más leve invitación:

“Debo haber decidido equivocarme porque no estoy en paz. Yo mismo tomé esa decisión, por lo tanto, puedo tomar otra. Quiero tomar otra decisión porque deseo estar en paz. No me siento culpable porque el Espíritu Santo, si se lo permito, anulará todas las consecuencias de mi decisión equivocada. Elijo permitíselo, al dejar que Él decida en favor de Dios por mí.” T-5.VII. La decisión en favor de Dios.

~Iciar ❤

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