Aprendices de la vida

Todos portamos heridas. Más profundas o más superficiales, pero al final zarpazos que dejaron huella en nuestra historia. Amores no correspondidos, deseos insatisfechos, anhelos susurrados al viento del olvido.

Tristeza, depresión, angustia, desconsuelo….

Nuestra historia personal está compuesta de memorias. Algunas nos gusta recordarlas mientras que otras preferimos olvidarlas.

La vida no tiene manual de instrucciones. Aprendemos sobre la marcha o como decía el poeta: “se hace camino al andar“. Nos caemos y no volvemos a levantar. En ocasiones nos caemos y nos quedamos tumbados en el suelo, descansando, reponiendo fuerzas.

Nadie nos enseñó a vivir.

Somos aprendices de la vida.

Avanzamos como bebés dando tumbos, inestables, sin apenas rozar el suelo. Hay un impulso que nos mueve.

La vida no le tiene miedo a la vida.

La vida se abre, se da completamente, se ofrece incondicionalmente.

La vida no pone barreras, no se defiende, no necesita límites.

Cuando lucho con la vida, sufro. Me agoto y aparece la impotencia mientras la frustración anida en mi ánimo.

No se puede contener a la vida. No se la puede frenar. Avanza inexorable, sin piedad ante tus historias o tus miedos. Lo engulle todo.

La vida es pura intensidad.

Quiere abrazarte, pero tú le tienes miedo porque sabes que en ese abrazo dejarás de existir.

Y sólo habrá vida.

~ Iciar ❤

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