La cordura

El odio nunca es vencido por el odio sino por el amor. Mahatma Gandhi

A la demencia, al terror solo se puede responder con cordura. No puedes apagar un fuego alimentándolo con más brasas. Y sin embargo eso es lo que haces cuando respondes al odio, con odio. Al ataque, con ataque. Al miedo, con miedo.

La cordura te enseña que todo acto de violencia, de terrorismo, todo ataque es una petición de ayuda, una solicitud encubierta de amor. Los que odian no se sienten amados. Nadie que sienta el Amor dentro de él optaría por hacer daño a otra persona.

Cuando te sientes amado, cuando sientes el amor dentro de ti, solo quieres compartir ese amor, extenderlo pues esa es tu verdadera naturaleza.

Pero cuando te sientes mal buscas culpables, quieres deshacerte de ese dolor emocional de alguna manera. Deseas que alguien se responsabilice de él. Entonces atacas, a ti mismo o a los demás, juzgas y lanzas tu veneno emocional como un dragón a la espera de que eso te libere del sufrimiento en el que te encuentras inmerso.

Sin embargo, si eres honesto contigo mismo, eso nunca te ha aportado paz. Quizás una cierta sensación de satisfacción momentánea, pero no duradera.

La locura te dirá que hay situaciones en las que el odio está justificado. La cordura te recuerda con dulzura, una vez más, que el ataque nunca está justificado. Que no puedes atacar a otra persona sin experimentar el ataque que tu elección conlleva. Que aquello que decidas ver en tu hermano, no podrás no verlo en ti mismo.

“Más la razón (la cordura) te dice que no puedes considerar a tu hermano o a ti mismo como un pecador y seguir percibiéndolo a él o percibiéndote a ti mismo como inocente. ¿Quién que se considere a si mismo culpable podría ver un mundo libre de pecado? ¿Y quién puede ver un mundo pecaminoso y considerarse al mismo tiempo ajeno a ese mundo?” T-21.VI.

Elige la cordura y responde a la demencia con lo único que puede iluminar la oscuridad en la que esta cree encontrarse.

Responde a la petición de ayuda que se esconde en la mente que cree justificado el ataque.

Reconoce esa petición como la tuya propia y únete a tu hermano en el recuerdo de aquello que compartís, en el espacio donde la locura no tiene cabida y la paz y la comprensión resplandecen eternamente. ❤

Aquí y ahora, sólo Paz.

“Padre, somos como Tú. En nosotros no hay crueldad, puesto que en Ti no la hay. Tu paz es nuestra. Y bendecimos al mundo con lo que hemos recibido exclusivamente de Ti. Elegimos una vez más, y elegimos asimismo por todos nuestros hermanos, sabiendo que son uno con nosotros. Les brindamos Tu salvación tal como la hemos recibido ahora. Y damos gracias por ellos que nos complementan. En ellos vemos Tu gloria y en ellos hallamos nuestra paz. Somos santos porque Tu santidad nos ha liberado. Y te damos gracias por ello. Amén.” L-170.13 (En Dios no hay crueldad ni en mí tampoco)

~ J ❤

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