Entregar es confiar

Cada vez que un maestro de Dios trató de ser un canal de curación tuvo éxito. De sentirse tentado a dudar de ello, no debería repetir su esfuerzo previo. Este ya fue máximo, pues el Espíritu Santo así lo aceptó y así lo utilizó. El maestro de Dios tiene ahora ante si solo un camino a seguir. Tiene que hacer uso de su razón para decirse a si mismo que le ha entregado el problema a Uno que no puede fallar; y debe reconocer que su propia incertidumbre no es amor, sino miedo, y, por consiguiente, odio.

Una de las tentaciones más difíciles de reconocer es que dudar de la curación debido a que los síntomas siguen estando presentes es un error que se manifiesta en forma de falta de confianza. Como tal, es un ataque. No parece razonable, en un principio, que se nos diga que preocuparnos continuamente es un ataque. Tiene todas las apariencias de ser amor. Más el amor sin confianza es imposible, ya que la duda y la confianza no pueden coexistir.

Manual para el Maestro, “¿Debe de repetirse la curación?”

Una vez has entregado un conflicto debes mantenerte vigilante en tu mente. Entregar significa que has dejado de darle valor a lo que no lo tiene y en su lugar has elegido a la Fuente de todo valor.

Entregar el conflicto no significa que este se solucione, desparezca o deje de estar presente, aunque muchas veces te darás cuenta de que en el fondo eso es lo que estás esperando. Si es así, lo has entregado con condiciones. Algo así como: “Hágase tu voluntad…pero que coincida con la mía“. 😉

Al entregar lo que estás pidiendo es que se sane en tu mente el miedo que se esconde en este conflicto. Y no querrías que la situación cambiase si en el fondo no la temieses. No siempre serás consciente del miedo que el conflicto esconde, pero siempre que hay conflicto hay miedo ya que este es su causa.

Entregar el conflicto es pedir ayuda para percibir correctamente y sólo podrás hacerlo cuando el miedo haya sido desterrado de tu mente.

Entregar el conflicto es rendir las armas, dejar caer las defensas y reconocer que lo que siempre has anhelado no necesita ser defendido pues no puede ser destruido. Intenta defenderlo y estarás haciendo real el ataque.

Entregar el conflicto es un acto de humildad. Darte cuenta de que por ti mismo no has sido capaz de salir de este laberinto de culpa y que necesitas ayuda.

Es un acto de confianza en un Poder Superior que no conoce límites. En un Amor perfecto dispuesto siempre a venir en tu auxilio.

Pero no esperes que valide tus ilusiones, antes bien agradece que se te muestre cuanto más las valoras que tu paz.

Y elige de nuevo….

Si sigues preocupado por una situación que ya has entregado al Espíritu Santo para que la resolviese por ti, recuerda que únicamente se entrega algo una sola vez. Después, cada vez que la preocupación te asalte, tienes que declarar que ya pusiste esa situación en manos del Espíritu, y que Su promesa es que todo lo que se le entregue, Él lo resolverá. De este modo acallas al ego. Pero si la preocupación persiste y sabes que lo que tienes que hacer ahora es sostener la fe de que todo se resolverá, detente y di:

“Padre, donde estoy mi fe aún se tambalea. Tengo fe por unos minutos y luego la pierdo. Padre amado, Te entrego esta inconsistencia. Elijo sostener la fe de que la situación ya está resuelta.”

~ Rosa María Wynn, “El aprendiz impecable” ❤

~J ❤

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