Elige la Paz

“Cuando la tentación de atacar se presente para nublar tu mente y volverla asesina, recuerda que puedes ver la batalla desde más arriba. Incluso cuando se presenta en formas que no reconoces, conoces las señales: una punzada de dolor, un ápice de culpabilidad, pero sobre todo, la pérdida de la paz. Conoces esto muy bien. Cuando se presenten, no abandones tu lugar en lo alto, sino elige inmediatamente un milagro en vez del asesinato. Y Dios Mismo, así como todas las luces del Cielo, se inclinarán tiernamente ante ti para apoyarte. Pues habrás elegido permanecer donde Él quiere que estés, y no hay ilusión que pueda atacar la paz de Dios cuando Él está junto a Su Hijo.”  T-23.IV.6:7 (*)

Si en este instante no estás en Paz, es porque has elegido el conflicto. No puedes experimentar Paz mientras te encuentres en el campo de batalla, mientras tu deseo sea luchar.

Todo aquello que consideras un problema en tu vida encierra un conflicto, una lucha con este instante tal y como se presenta: “Esto no debería estar sucediendo”, “Si esto fuera diferente estaría más tranquilo, tendría más alegría, mi vida tendría más sentido.” Este pensamiento que mantienes crea una brecha, y esa brecha es sufrimiento.

No puedes elegir lo que está sucediendo en este instante, el visitante ya está dentro de la casa. Puede que creas que no lo has invitado, puede que quieras que se vaya, pero ya ha llegado. Esto ya está sucediendo y tu elección está en cómo vivirlo, en que actitud mostrar ante ello.

Puedes elegir el control pretendiendo saber qué es lo que tendría que estar sucediendo en este instante en lugar de lo que ya está sucediendo. Puedes erigirte en tu propio maestro o puedes elegirme. Puedes elegir al Maestro de la Paz.

Todo conflicto está ahí para ser visto y entregado. Te muestra que tu apego sigue estando en la forma, en el mundo de los efectos. Pero una vez que empiezas a observar este comportamiento empiezas a despegarte de él. Te conviertes en el testigo silencioso. Has abandonado el campo de batalla.

Entonces puedes pedir corrección, puedes elegir el milagro. Puedes darte cuenta de que no hay nadie que te haga nada, no eres una víctima del mundo o de los demás. Es tu propio deseo de sostener el conflicto el que provoca que la Paz no sea una realidad en este momento. Pero sigue estando disponible, a la espera de que la elijas.

“No ocurre nada que no quieras que ocurra”. Sé que te resistes a creer esta afirmación. Pero en ella está tu salvación. Todo lo que experimentas tú mismo lo pides, y tu deseo te es concedido. Eres el creador de tu experiencia y si me pides ayuda te mostraré de qué forma lo estás manteniendo.

Te he dicho que la única elección es siempre: ¿Paz o conflicto? ¿Paz en este instante, o aquello que crees que necesitas para estar en Paz? Y que cuando la Paz sea tu única prioridad eso será lo que experimentes.

Elige un conflicto de los que sostienes en tu vida, puede tratarse de una situación o de una persona. Escribe al lado cuál es tu deseo con respecto a esta situación. Se honesto contigo mismo. Si el conflicto se mantiene verás que el deseo está de alguna forma relacionado con que la situación tome otra forma diferente, o que esa persona actúe de diferente modo. Ese deseo es lo que estás eligiendo en lugar de tu Paz. Ese es el precio al cual la vendes. Tu deseo es la forma que tiene que tener la Paz según tu propia interpretación. Crees que para llegar a la Paz necesitas pasar a través de la consecución de ese deseo. Crees que un cambio en la situación, en el efecto puede aportarte lo que pertenece al reino de la causa.

Yo te ofrezco un atajo. Yo sé que en el fondo lo que quieres es Paz interior. Y te lo ofrezco Ahora, sin condiciones, sin demora.

“Te entrego esta situación (o esta relación) para el propósito que es sanar mi mente. La pongo en manos de la Paz. Entrego mis condiciones y acepto las tuyas. Dejo ir mis dudas, mis resistencias, mi apego al deseo de que las cosas sean de otra forma. Confío en tu criterio y acepto la sanación. Elijo la Paz.”

(*) Hace referencia al Capítulo 23 de Un Curso de Milagros: La Guerra contra ti mismo

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