Un día de gracia

“Siéntate sosegadamente, y según contemplas el mundo que ves, repite para tus adentros: “El mundo real no es así. En él no hay edificios ni calles por donde todo el mundo camina solo y separado. En él no hay tiendas donde la gente compra una infinidad de cosas innecesarias. No está iluminado por luces artificiales, ni la noche desciende sobre él. No tiene días radiantes que luego se nublan. En el mundo real, nadie sufre pérdidas de ninguna clase. En él todo resplandece, y resplandece eternamente.” T.13-VII.1 (*)

Llegaste a mí cansada, hastiada de tu vida. Llegaste cargando con una gran tristeza, sin fuerzas para continuar, para seguir adelante. Y ese momento fue tu bendición, la rendija a través de la cual una nueva forma de contemplar el mundo iluminó tu mente.

La gracia descendió sobre ti para mostrarte otro camino, otra forma de caminar. Y una chispa se prendió en tu pecho. Entonces ya nada fue igual…

Llegaste derrotada pidiendo ayuda, buscando otra manera de vivir tu vida. Pensaste, ¡tiene que haber otra forma! Y el Cielo se abrió en ese instante para dar la bienvenida a otro Hijo que volvía a casa.

Tu peor momento fue tu día de gracia.

Estabas lista para aprender, para escuchar. Estabas lista para mí.

Y se te mostró que hay otro mundo, otra manera de vivir, de pensar, de sentir.

Necesitaste darte cuenta de que este mundo nunca te aportó nada que en el fondo quisieras realmente. Que todo lo que te dio fue condicionado, que tal como llegó, se fue. Que el valor no está en la forma. Necesitaste esta experiencia para dejar de darle valor a lo que no lo tiene, y así empezaste a valorar lo que si lo tiene.

Reconociste tu camino, el que te estaba esperando, el que siempre estuvo ahí para ti. Y empezaste a recorrerlo de mi mano.

Entonces comprendiste que todo tiene  un propósito mayor, y que toda tu vida siempre te estuvo preparando para ese instante. Que no siempre aquello que calificas de malo realmente lo es. Que tus peores momentos pueden ser tus mayores regalos porque te ablandan y te obligan a abandonar la resistencia.

Ese día diste un paso al frente, y lo sigues dando cada vez que eliges ver más allá de este mundo.

Hoy las luces del Cielo se inclinan ante ti, para derramar su luz sobre tus párpados mientras descansas más allá del mundo de las tinieblas. He aquí una luz que los ojos no pueden contemplar. Y, sin embargo, la mente puede verla claramente, y entender. Hoy se te concede un día de gracia, y nos sentimos agradecidos por ello. Hoy nos damos cuenta de que lo que temías perder era sólo la pérdida.

El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee. Más allá de este mundo hay un mundo que deseo. L.129 (*)

~ J ❤

(*) Hace referencia a Un Curso de Milagros

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