Veo, veo, ¿qué ves?

“Tu tarea no es ir en busca del amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has levantado contra él.” T-16.IV.6 (*)

El ejercicio que te propongo hoy es muy sencillo y quiero que al hacerlo pongas la misma actitud que cuando de niño jugabas al “veo, veo”. Durante el día de hoy vas a mantenerte vigilante de tu mente y vas a observar todo lo que aparece en ella. Y así vas a ir identificando todo aquello que surja. Veo miedo, veo comparación, veo dolor, veo tristeza, veo euforia, veo juicio, veo negatividad, veo ilusión, veo deseo… Es importante que al hacerlo mantengas la actitud de un niño jugando, de lo contrario surgirá la tentación de juzgarte por lo que estás sintiendo y pensando.

Cada vez que identificas algo te separas de ello, pasas a ser el observador. La presencia silenciosa que observa. De esta forma das un paso atrás fuera de la conciencia del dolor, hacia la conciencia del amor. Señalas como decíamos en otra entrada tus “monstruos debajo de la cama” para que se te pueda enseñar que no son nada a la luz de la comprensión.

Mantente vigilante de tu mente y no te guardes el más mínimo resquicio de miedo. Cuando veas que aparece di: “te pillé, no voy a dejar que sigas atormentando mi mente. Te he visto y te libero.”

Siente como las alas del ángel de la comprensión que eres abrazan al niño asustado que cree en el sufrimiento, en el dolor y la pérdida. Déjate ser ese ángel y abre tus alas.

~J ❤

(*) Hace referencia a Un Curso de Milagros

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