Sal del laberinto

“El ego, sin embargo, aunque alienta con gran insistencia la búsqueda del amor, pone una condición: que no se encuentre. Sus dictados, por lo tanto, pueden resumirse simplemente de esta manera:”Busca, pero no halles”…No podrás por menos que buscar, ya que en este mundo no te sientes a gusto. Y buscarás tu hogar tanto si sabes donde se encuentra como si no. Si crees que se encuentra fuera de ti, la búsqueda será en vano, pues lo estarás buscando donde no está. No recuerdas como buscar dentro de ti porque no crees que tu hogar este ahí. Pero el Espíritu Santo lo recuerda por ti y te guiará a tu hogar porque esa es Su misión. T-12.IV.1-5 (*)

Un laberinto es un lugar formado por calles y encrucijadas intencionadamente complejo para confundir a quien se adentre en él. Estaban asociados a rituales de iniciación. Es el símbolo de la búsqueda personal.

Mientras te encuentras en búsqueda, estás en el laberinto. Búsqueda implica que lo que busco no lo tengo, no se encuentra disponible para mí ahora. Búsqueda implica distancia y tiempo por eso si te das cuenta recorrer el laberinto supone un tiempo, un peregrinaje, y una distancia a recorrer.

La búsqueda implica pérdida, olvido.

Mientras busques la felicidad, esta te será esquiva. Y esto es así porque así lo has decidido. Dices que no la tienes y que por lo tanto tienes que ir en su búsqueda. La has colocado en el centro de un laberinto en el que estás perdido. Por más calles que recorras más desvíos y bifurcaciones aparecen, más vueltas, más tiempo. Y cuando te das cuenta, vuelves al mismo punto una y otra vez.

No te preocupes, incluso el laberinto más complicado tiene una salida.

Yo te voy a ahorrar tiempo.

Lo que estás buscando, ya lo tienes. Tu reacción a esta frase, tu resistencia a creer que esto es así, te muestra cuanto más valoras el laberinto que la libertad. Lo que estás buscando, ya está aquí. Vale, todavía no me crees. No pasa nada, lo harás.

La resistencia a aceptar lo que te digo, son los muros con los que has construido el laberinto. Tú lo has construido y por lo tanto lo puedes desmontar.

Cada vez que te encuentres buscando la felicidad en algo externo a ti, date cuenta de que has tenido que olvidarte de que aquello que buscas ya está aquí. Luego solo tienes que recordarlo y aceptarlo para que salgas fuera del laberinto.

Ya se te ha dado Todo. Acéptalo y te darás cuenta de que esto es así. Este no es el camino de la búsqueda, es el camino del recordar. Recordar Quien Eres.

No hay nada que te separe de la felicidad. No hay laberinto. Ya tienes aquello que buscas, deja de buscar y empieza a disfrutar. ❤

“La felicidad habita en mí. Lo había olvidado y la buscaba en los lugares equivocados. Ahora lo recuerdo. Ahora acepto la felicidad que se me ha dado.”

~J. ❤

(*) Texto de Un Curso de Milagros

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