Todo está escrito

El guión ya está escrito, esto ya lo has leído en el Curso(*) pero todavía no lo entiendes. Voy a explicártelo con una metáfora como a mí me gustaba enseñar y a ti te gusta aprender.

Imagínate un libro. Una imagen que todos conocéis. El libro representa este sueño, la novela de lo que tú llamas “tu vida”. Si te das cuenta, el libro para poder leerlo ya ha tenido que ser publicado y por lo tanto ya se ha escrito y tiene un final. Dentro del libro hay diferentes personajes. Tú te identificas con uno de ellos, el héroe de esta novela. Date cuenta de que al estar el libro ya escrito, el personaje, el héroe, ya pasó por todas las experiencias que el libro describe.

Durante el desarrollo de la trama ese personaje se encuentra con otros personajes y con cada uno de ellos vive alguna experiencia. En realidad ya las vivió puesto que como antes te comentaba, el personaje ya pasó por todas las experiencias descritas en el libro. 😉

El personaje vive dentro del libro reviviendo una y otra vez lo que en él acontece.

Este personaje es el “yo individual”, el ego que se experimenta como un cuerpo separado. Tú te identificas con ese personaje y por lo tanto crees estar viviendo las experiencias que el libro describe. Te peleas con otros personajes, te lo tomas de manera personal, atacas y te defiendes, te enamoras y te desenamoras… Cada “yo individual” está viviendo su propia historia dentro de esta novela de intriga, dolor y aparente amor. Una historia, que vuelvo a recordarte, ya se escribió.

Ahora vamos a dar un paso más. Ese libro está siendo leído por un lector, una mente. Hay un lector del libro. Y date cuenta que digo UN lector. Ese lector es la mente que observa, la conciencia, el soñador del sueño, como quieras llamarlo. En nuestra metáfora el lector del libro. Hay diferentes personajes en la novela, pero hay un único lector. Hay un único espíritu, una única mente. Un único Hijo de Dios.

Esa conciencia está leyendo el libro.

Tú eres esa conciencia que está leyendo el libro. No eres el personaje del libro, eres el lector.

A medida que vas despertando al hecho de que eres el lector, no el personaje, tu experiencia va cambiando. Aunque el personaje, el cuerpo, esté pasando por un periodo difícil, al estar identificado con el lector tu experiencia será diferente. Habrá menos conflicto. Podrás vivir esa situación en paz de la misma manera que puedes estarlo al estar leyendo un libro donde el personaje está pasando por un infierno. ¡Tú sabes que no eres ese personaje, que sólo se trata de una novela, un cuento! Y que al estar el libro ya escrito, eso ya pasó. Ya se terminó.

De ahí que quiera recordaros que sois el lector, no el personaje. Que llevéis la atención a ese espacio de observación, fuera del tiempo y del espacio. (En el fondo el lector no se encuentra ni en el tiempo, ni en el escenario donde la novela se desarrolla. 😉 )

Volveremos a esta metáfora más adelante. Por ahora quiero que te quedes con la imagen que te he presentado. No importa lo que le pase al personaje del libro, no importa las experiencias que viva en el mundo imaginario que la novela describe. Y no importa porque lo que le pase no podrá afectar nunca a Quien Realmente Eres, la mente, el lector del libro.

Has estado muy atento a este libro, pero poco a poco lo irás soltando. En el fondo leer la misma novela una y otra vez tiene que ser bastante aburrido y en algún momento decidirás que ya es hora de dejarla. 🙂

Ese momento es AHORA.

(…) La revelación de que el Padre y el Hijo son uno alboreará en toda mente a su debido tiempo. Sin embargo, ese momento lo determina la propia mente, pues es algo que no se puede enseñar. Ese momento ya ha sido fijado. Esto parece ser bastante arbitrario. No obstante, no hay nadie que dé ni un solo paso al azar a lo largo del camino. Todos lo han dado ya, aunque todavía no hayan emprendido la jornada. Pues el tiempo tan solo da la impresión de que se mueve en una sola dirección. No hacemos sino emprender un viaje que ya terminó. No obstante, parece como si tuviera un futuro que todavía nos resulta desconocido. El tiempo es un truco, un juego de manos, una gigantesca ilusión en la que las figuras parecen ir y venir como por arte de magia. No obstante, tras las apariencias hay un plan que no cambia. El guión ya está escrito. El momento en que ha de llegar la experiencia que pone fin a todas tus dudas ya se ha fijado. Pues el viaje solo se puede ver desde el punto donde termina, desde donde lo podemos ver en retrospectiva, imaginarnos que lo emprendemos otra vez y repasar mentalmente lo ocurrido. L298/319

~J. ❤

(*) Hace referencia a Un Curso de Milagros

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